Reflexionando con el Adviento (II)

INMACULADA: ¡RESPONDE SIN PROBLEMAS!

Todos tenemos en la vida modelos. Y no hablamos de modelos de pasarela: hablamos de los verdaderos modelos, aquellos a quien, dentro de poco o mucho, nos gustaría parecernos, porque compartimos con ellos ideales, sueños, esperanzas, historias personales. Hablar de María como un modelo, sin embargo, nos chirría un poco, casi nos hace daño al oído. ¿Pero que yo tengo que parecerme a esa señora que vivió hace la tira de años y que encima lo tenía superfácil con lo de ser madre de Jesús? ¡Pero si estaba más que enchufada!
La cosa cambia si pasamos a ver en María su actitud de vida. ¡Eso sí que toca nuestra vida! Ella tiembla, tiene miedo, se acobarda, a veces desconfía de su propia capacidad. ¡Con eso sí que me siento identificado! La vida de María es como la de muchos de nosotros y pasó por lo que muchos estamos pasando, hemos pasado o pasaremos: por la incertidumbre de un proyecto que pensamos que nos viene grande. Pero sabemos, que, a pesar de todo, María responde a una llamada, la de Dios, y acepta que Dios ha confiado en ella.
Como si fuera un móvil (o un iPhone, ahora que están de moda) María es un centro multimedia de respuestas a múltiples llamadas por parte de Dios. No esperemos que Dios nos plante de nuevas a primeras un mapa con todo claro, o con el camino ya fijado. Eso no sería algo de un Dios que tiene el calificativo de amor, sino de un Dios que impone y ordena. Dios confía en nosotros y nos ofrece su Palabra, nos va dejando “señales” en la vida (por medio de los otros). Como un email que recibimos de vez en cuando, pone a nuestra disposición el retomar nuestra vida y volver a escucharla a su luz (como el que vuelve una y otra vez a escuchar en el iPod la misma canción y cada vez le suena diferente). Y en todo esto María era casi una experta.
En la medida en que respondamos, en que dejemos que Dios vaya entrando en lo que somos, la alegría se irá desbordando en nosotros y construirá, paulatinamente, algo a lo que nos hemos de ir acostumbrando cada día mas: responsabilidad.
¿Qué es imposible? No lo creo, porque “nada hay imposible para Dios” (Lc 1, 37).
 

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