Reflexionando con Gonzalo Arnaiz scj

HOY, he visto un ANGEL.
Es 21 de diciembre. Amanece un día fresco y lluvioso casi diluvial. Como a la Sor, no hay quien la pare, el diluvio no iba a conseguir suspender el viaje programado para los “mayores” de la parroquia. Así es que en autobús “del ayuntamiento” 40 valientes fajados de abrigos y con paraguas en ristre, a las 9,30 en punto, nos dispusimos a navegar hacia Aranjuez para acercarnos a una finca que se llamaba BASIDA. Íbamos como quien va al fin del mundo, porque sólo la Sor sabía donde estaba, pero que ella lo sepa es como “tener un tío en América” a la hora de orientar y dirigir al autobusero. Así es que a fuerza de hacer unas llamadas telefónicas conseguimos saber el itinerario mejor hacia el lugar. Me tenéis al lado del conductor intentando descifrar indicativos, atisbar carreteras y posibles derivaciones o indicativos para finalmente llegar a lo que realmente parecía el fin del mundo: BASIDA.
Es una finca grande, después sabremos que eran unas porquerizas, donde sobresalen algunos tendejones, una casa con buena fachada para la acogida, pabellones diversos y en el centro una hermosa capilla que parece de solera, pero que es de planta recentísima. Está inaugurada el día 14 de este mes. Así es que hasta hemos podido “oler” los perfúmenes de los ungüentos consecratorios pero sobre todo los de las oraciones de las personas creyentes que allí celebraron la primera eucaristía.
Bajamos del autobús y después de venir la persona que nos iba a hacer de “cicerone” nos dirigimos directamente a la capilla que era nuestra primera etapa prevista. Una mujer joven –de unos 45 años- es la que nos guía y una vez acomodados en el lugar, Sor Margarita nos la presenta como una alumna suya conocida desde tiempo ha, y que por supuesto la conoce también desde la fundación de BASIDA. Su nombre es VISI. Enseguida empieza su relato sobre la historia de la capilla que estamos viendo y la historia de BASIDA. Ambas historias están muy entrelazadas y por lo tanto en el relato puede haber superposición y cruce de relatos.
VISI habla con tranquilidad y sobriedad. Desde el principio cautiva su voz, su pose, su talante y su narración que de inmediato suena a mensaje nacido de una experiencia. Visi al contarnos la historia de aquella capilla nos está contando su vida; aquello por lo que ella vibra y vive. Nos descubre su alma y sin doblez alguna va dejando caer verdades de a puño que suenan a buena noticia y a evangelio puro. Es ahí, en ese momento, cuando yo estoy pensando que nos está visitando un Ángel o que estoy viendo un Ángel. Estoy viendo a una auténtica testigo mensajera de la buena noticia.
La capilla donde estamos es la “joya de la corona” de BASIDA. Pero ha sido la última de las construcciones que han significado mejorar los primeros emplazamientos que tuvieron. La experiencia Basida se inició hace 20 años por un grupo de laicos de una parroquia que quisieron poner su vida al servicio de los más pobres, viviendo al estilo de Francisco de Asís, es decir, viviendo el evangelio “sin glosa”. Ayudar a los más pobres dejándolo todo. Ayudar a los más pobres viviendo como ellos y con ellos. En aquel momento histórico los más pobres podían ser los infectados por una cosa nueva que se llamaba “sida” que en la sociedad eran tenidos como apestados y por tanto temidos a la hora del contacto directo con ellos.
El ayuntamiento del pueblo (supongo que Aranjuez) les dejan los terrenos de unas porquerizas abandonadas que están “en el fin del mundo” y allá se van este grupo de laicos a vivir junto con los “sidáticos” que están abandonados o no bien atendidos. Y empiezan a vivir. No tienen ninguna propiedad y van a vivir de la providencia. Y resulta que la Providencia existe. En los 20 años de historia palpan que esa obra es “cosa de Dios” y que la lleva Dios.

 

Aquello es un “desierto”. No hay ni agua, ni electricidad, ni alcantarillado, ni nada. Tan solo cuatro cobertizos inhóspitos. Pertrechados de algún camping-gas, velas, algunas mantas y pocas provisiones empiezan su andadura comunitaria donde todo lo que tienen se comparte y nadie es más que nadie. 7 son los primeros enfermos terminales de sida los que allí van a vivir. Estos 7 irán muriendo uno a uno en esos primeros tiempos. Después se añadirán más que también terminarán de la misma manera, porque la enfermedad no tiene solución médica y lleva inexorablemente a la muerte. VISI, nos dice que eso era lo más duro. Duro, pero también aleccionador. Les enseña a codearse con la muerte y a asumir la muerte como realidad humana. Cuando asumes que eres “mortal” y aceptas tu propia muerte como realidad cercana y propia y la miras como la “hermana muerte” –que decía San Francisco- entonces te liberas y eres capaz de acompañar a los moribundos desde esa libertad y a ayudarles a que encaren la muerte como hermana y como liberadora. La muerte es tránsito al cielo. Es IR a la casa del Padre. Ese Padre que ya desde ahora nos tiene de su mano y nos lleva con Él. La muerte no es ningún drama. Es Pascua. Los cristianos seguimos sin creer en la resurrección, porque nos sigue atemorizando la muerte y la seguimos ocultando o viviendo como si no existiera. La muerte es “gafe”. En Jesucristo la muerte ha sido vencida. En la muerte volamos al Padre. Por eso, las ventanas inferiores de esta capilla, sus vidrieras, contienen muchas palomas blancas volando. Cada paloma representa a uno de todos estos que aquí han vivido y ya han volado al Padre. En la celebración ellos están presentes y nos acompañan. Además son nuestros intercesores en el cielo. Está claro que papá Dios tiene su oído atento, pero con todos estos haciendo “barra” por esta casa, pues seguro que consiguen que Dios no se despiste y nos atienda generosamente. Ellos son nuestros bienhechores actuales.
En la fundación, junto con el galpón vivienda que se fue habilitando, hubo también un pequeño chamizo que hacía de capilla. Y es que la ORACIÓN es el alma de nuestra vida y de nuestra misión. El encuentro con el Padre, con su Palabra – Jesucristo, la fuerza del Espíritu que siempre atrae, envuelve y empuja, es tan fundamental que sin eso no podríamos vivir ni hacer nada. La eucaristía diaria, las laudes, las vísperas, la meditación… son nuestro alimento diario. A las 6 de la mañana empieza nuestra jornada en la capilla. Una capilla calentada en invierno a pulmón, porque hacía un frío de pelar. Pero debíamos mantener viva la lámpara de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor. Desde el principio nuestra capilla estuvo presidida por un cuadro de la vera faz de Jesús. El rostro del Dios hombre, muerto y resucitado por nuestra causa, era el que presidía todas nuestras celebraciones. Por eso, ahora en esta nueva capilla, el rostro de Jesús, buen pastor o buen maestro, está plasmado en la gran vidriera lateral que hace de fondo al altar mayor. (Y es que la capilla ubica la sede en la parte anterior derecha de la nave central). Un rostro de Jesús sereno, brillante, atrayente pero no dulce. Es el Jesús que enseña e invita a la eucaristía.
En BASIDA siempre tuvimos la idea de construir una capilla hermosa, que fuera como la obra maestra y principal de este centro, porque de ella manaba la vida y la esperanza de todos nosotros. Porque era lo principal queríamos destacarlo. Pero antes de gastar un duro en la construcción de la capilla debíamos mejorar las instalaciones de aquellos a quienes servíamos como hermanos y que cada vez iban creciendo en número y en necesidades. El sida fue vencido o cronicizado y ya no era perentorio que fueran ellos los únicos atendidos y han empezado a llegar terminales de otros tipos y también gente hambrienta de “hambres” distintas al pan. El hambre de pan es un problema, pero se soluciona con arroz. Otras “hambres” de soledad, de falta de cariño, de sentido de vida, son mucho más difíciles de atender. Aquí se admite gente necesitada de todo tipo, que no es atendida por ningún canal oficial o familiar. Está claro que hay número cerrado (30) pero los que aquí están, lo están porque quieren. No hay ninguna barrera que impida marcharse a aquél que lo quiera hacer. Tan solo sabe que si deja su cama vacía, otro la ocupará al día siguiente. Y pierde plaza. Nadie paga nada. Nadie cobra nada. Los que aquí trabajamos lo hacemos a título de voluntarios. Los hay permanentes como los miembros de la comunidad, y los hay que viene por días, por horas, para servicios determinados, pero nadie se lleva un euro de sus trabajos aquí. Ni siquiera nosotros, que si por hipótesis nos fuéramos, nos llevaríamos un duro. No tenemos nada ni poseemos nada. No tenemos ningún seguro que nos ampare. Nos iríamos con una mano delante u otra atrás.
Dada esta situación, dedicamos dinero y esfuerzo en mejorar las instalaciones de atención al cliente. Lo que ahora veis como casas y pabellones de habitaciones no tienen nada que ver con lo del inicio. Hemos mejorado mucho. (Pero no penséis que aquello es el escorial. Son casitas humildes y barracones de dos pisos bien sencillos y sin ningún lujo de nada). Por eso hace dos años, alguien nos dejó una herencia y decidimos que era el momento de levantar la iglesia. La herencia llegó hasta pagar la cimentación, pero seguimos adelante las obras porque seguían llegando donativos para la construcción de esta iglesia. Al día de hoy, os puedo decir que todo está pagado y aquí está la iglesia de BASIDA terminada. Esta iglesia que cada rincón, cada color, cada trazo de pintura, cada figura tiene un profundo sentido para notros.
Visi termina su explicación, fijándose en la cruz de la pared frontal, que es una cruz vacía con el sudario blanco sobre ella para recordarnos que Cristo ha resucitado, pero que realmente ha muerto por nuestra causa. La capilla está dedicada a la Madre Teresa y frente al rostro de Cristo, en la otra pared, se colocará un cuadro de la Beata, que por ahora está en el suelo. En la entrada de la iglesia está un lugar dedicado a la celebración del sacramento de la Penitencia y del otro un memorial de los oratorios de las 3 comunidades BASIDA que existen en España. Al lado del Jesús que preside, esta una pequeña imagen de la Virgen María, de estilo románico al modo de la “Moreneta” o de nuestra Virgen de la Vega de Puente la Reina.
Después nos pasa a la parte del oratorio (zona del “ábside” de la iglesia) donde el ambiente de oración es mayor “si cabe” que en la parte grande. Nos indica punto por punto el significado de cada uno de las cosas que allí hay, que no describo por no cargar más, el escrito.
VISI nos despide, invitándonos a celebrar en la capilla, si lo queremos hacer, al final de nuestra visita al “campus” de BASIDA.
Iniciamos la visita por el “nacimiento” montado en un tendejón de madera en forma de “ele” de unos 12 metros de cada lado. Es un nacimiento preciso. Intenta reflejar la geografía del entorno donde sobresale el río Tajo que discurre a lo largo de todo el belén en primera línea de ancho cauce y caudal abundante de agua. Las casas son maquetas hechas por los residentes de BASIDA que recuerdan la estación del ferrocarril, la casa del pueblo, el palacio de Aranjuez (que aquí es el palacio de Herodes), la casa central de Basida, la tienda del tío pepe y el horno del tío Juan. Un montón de figuras mecánicas hacen la delicia de quien las observa. Lógicamente, en el centro – ángulo del belén, está la cueva del nacimiento. Todo muy bonito, con efectos especiales incluidos de amaneceres, anocheceres, tormentas, lluvias y demás condimentos de un belén que se preste.
Nos dirigimos después al pabellón de gimnasia que funge también como lugar de encuentro de los muchachos residentes de Basida. Uno está haciendo por su cuenta y desde la silla de ruedas ejercicios de barra (es un decir). Lleva allí cuatro años y esperando recuperar. Otros están acompañados de jóvenes voluntarios que les asisten en sus dependencias. El ambiente es límpio y allí, las del coro de la Alegría, que nos acompañan en la excursión parroquial (son un coro de “voces blancas” de personas de 70 a 90 años) nos deleitaron con villancicos y canciones populares modernas en los años 20. Un momento entrañable y agradecido. Les obsequiaron (a las del coro) con un cuadro hecho en casa, donde está plasmado el escudo de BASIDA: Una paloma volando. Ya sabemos lo que significa.
No pudimos resistir la tentación de volver a la capilla para culminar allí nuestra visita celebrando la eucaristía. Y lo hicimos. Cuando veo que el evangelio es el de la “Visitación” me llevo una gran alegría. En la homilía comento que nosotros hoy veníamos a visitar y resulta que hemos sido visitados. VISI ha sido el ángel que nos ha anunciado una buena noticia que podemos creer o no creer. Jesucristo es el Señor de nuestras vidas. Si creemos, podremos constatar, y aquí en Basida se constata, que el Señor es capaz de hacer obras grandes. VISI con su testimonio de vida nos ha ido desgranando el evangelio; VISI con su vida –y la de los suyos- son “encarnación” en nuestro mundo de hoy, de la realidad de Jesucristo que sigue vivo en medio de nosotros y de que Dios habla hoy de muchas maneras. Veníamos a visitar e incluso dispuestos a dar algo de ayuda y hemos visto que por una parte se nos despoja de muchas caretas que traíamos y por otra volvemos revitalizados y enriquecidos en nuestra fe y esperanza. Hagamos eucaristía en este momento concreto de nuestras vidas e intentemos entrar en el ambiente que crea el entorno litúrgico de este templo. Estamos debajo de ese sobre techo central cuyos laterales son luminarias azules y rojas, que nos recuerdan las aguas bautismales y primordiales y el fuego del Espíritu. Un Espíritu que está reflejado en la última vidriera de la iglesia como paloma, viento, fuerza, presencia, imán que atrae y nos lleva al mundo nuevo que es y será el Cielo.
A las 13, 15 abandonamos BASIDA. Esperamos que la experiencia aquí vivida no nos abandone. En estos tiempos que corren BASIDA es un nacimiento viviente. BASIDA es NAVIDAD porque alguien pierde la vida por los demás es NAVIDAD y es PASCUA.
Felices NAVIDADES
Gonzalo Arnaiz Alvarez, scj.
 

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