Reflexiones del P. Vicente Gómez García scj

Reflexiones del P. Vicente Gómez García scj, que desde su jubilación en la comunidad Dehoniana de Novelda, sigue con atención la formación de los alumnos y alumnas del Colegio Padre Dehon . A sus 83 años sigue con ilusión la tarea de educar en valores humanos y religiosos, son años de entrega y trabajo en tantos lugares, en la educación y la formación de jóvenes.

COMO FLORES EN MI CAMINO

Mis solaces de jubilado docente-muy comprobado esto últimamente-discurren, y ahora, por los recuerdos y las nostalgias. Una de ellas es revivir episodios pasados de docencia. Las remedio –las nostalgias- haciendo voluntariamente –casi suplicándolas- algunas actividades colegiales que así aún me mantienen, en alguna forma, en contacto con la muchahada. Me abismo a veces, viéndola, en reflexiones sobre lo que ahora son pero, especialmente, en lo que en breve serán. La imaginación me hace fantasear a veces sobre hipotéticas y futuribles probabilidades…

 

Hoy me ha dado por hacerlo sobre lo que espera -y muy pronto será realidad- de estas niñas adolescentes que con sus gritos y risas llenan estos patios y corredores aguardando el comienzo de las clases. A la mayoría las conozco desde años atrás. Las he visto crecer, curso tras curso, en estatura, forma, gracilidad, feminidad… Y pasar cada año de aula, de grado, de piso en el pabellón. Aquí han sido sus tempranos escarceos, sus tímidos coqueteos iniciales, sus primeras “audacias”. Y mientras oigo sus risas y aspavientos, veo sus cuchicheos sobre Dios sabe qué secretos, sus miradas furtivas… me pregunto si barruntan ya las futuras responsabilidades que les aguardan como madres, como esposas, como ayuda y consuelo de sus semejantes en las batallas de la vida. ¿Cabrá en “esa cabecitas locas” la compresión de que están llamadas por la Naturaleza –entiéndase Dios- a ser imprescindibles fuentes de vida en ese misterioso proceso de la conservación de la especie? ¿Qué ya en su embrionario útero están los óvulos que un día, fecundados, serán los hombres? ¿Qué en su condición femenina está ínsita una enorme capacidad de amor, de sacrificio y entrega, de ternura que, entregada, hará posible a muchos de sus semejantes soportar la carga de la existencia? ¿Qué si todo ese caudal se dilapidara o corrompiera se alcanzaría con ello el límite de corrupción? “Corruptio optimi, pésima” dijeron ya los antigas.
Siento hacia ellas una grañidísima ternura (que pudiera ser como cariño paterna) y un inmenso respeto por lo que ya son y más por lo que serán.
Y se me ocurre imaginarlas como unas flores que hermosean el camino que para mi vida he elegido en mi búsqueda de Dios. (Y que, en mi fatiga, me ayudan así a caminar). P. Vicente Gómez García scj.
 

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