Reflexiones sobre 2 CO 5, 14 – 6, 1( IV )

Celestino Llamazares, SCJ

Reconciliados
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo. 2 Cor 5, 18.

Tenemos el Camino señalado,
Luz que nos ilumina en el sendero,
pues su abrazo abrazándose al madero,
dejó al hombre con Dios reconciliado.

El hombre desde el Monte indultado,
Cristo se hizo nuestro valedero,
solo allí abrió la boca el fiel Cordero
y suplicó perdón por el pecado.

En oblación al Padre se encomienda
y la culpa ha sido condonada.
Expiación y perdón van en la ofrenda.

 

Toda gracia ha sido derramada.
Es prueba, la señal, es ya la prenda
de una Humanidad pacificada.

 

 

 

…que Dios nos reconcilió primero.
En nombre de Cristo os suplicamos que os dejéis reconciliar con Dios. 2 Cor. 5, 20

Aún con pasos cansados
y venciendo el desaliento,
iremos tras la Verdad,
la piedra angular del Reino
que reclama la justicia
y pide el perdón sincero;
de la reconciliación,
los verdaderos cimientos.

Reconciliaos, que Dios
nos reconcilió primero.

En la justicia y perdón
reconciliados seremos
siempre por el siempre Justo
que justificó el Universo
pues con su entrega en la cruz
pagó un elevado precio
por una nueva creación
que crea un corazón nuevo
y armonía en libertad
de un cuerpo con muchos miembros
para llegar a ser uno
lo que es distinto, diverso.
Gracia de Dios derramada
en asombroso misterio.

Reconciliaos, que Dios
nos reconcilió primero.

Reconcíliate contigo,
acepta tu propio cuerpo,
que en él se asiente tu alma
en dulce paz y sosiego.
Sean alma y cuerpo en dádiva,
don para darse entero
y en días de tempestad
poner la paz y el consuelo;
gramática eres de Dios
pues eres su mensajero.

Reconciliaos, que Dios
nos reconcilió primero.

El signo de tu perdón
sea un abrazo sincero
con amigos y enemigos,
sin engaño y fingimiento,
por encima del color
y encontrado pensamiento.

Reconciliaos, que Dios
nos reconcilió primero.

Reconcíliate con Dios,
su amoroso ofrecimiento,
la base y también el culmen
de todo su amor inmenso.
En su abrazo encontrarás
la paz de su dulce ensueño.
Nos urge el amor del Padre
en Jesús, el Nazareno,
eco en el sí de María,
en su humilde ofrecimiento.

Reconciliaos, que Dios
nos reconcilió primero.

Y de reconciliación
signo ante el mundo seremos
porque haremos del amor
un sacramento perpetuo,
constructor de nuevos puentes
que unen hermanos dispersos
y hacen del hombre habitante
de sólo un único pueblo,
pueblo de Dios hermanado
en Jesús hermano nuestro,
el pueblo sacerdotal
cantando a su Rey Eterno
en su Reino de justicia
de paz y amor verdaderos.

Reconciliaos, que Dios
nos reconcilió primero.
 

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