Reflexiones sobre 2 CO 5, 14 – 6, RETORNO DE AMOR AL PADRE

“El sacramento de la reconciliación es la historia del amor de Dios que nunca se aleja de nosotros.
Tolera aún nuestras torpezas y egoísmos. Como el padre en la parábola del hijo pródigo,
Dios espera, mira y confía en nuestro regreso cada vez que nos alejamos.
Como el hijo de la parábola, todos necesitamos retornar a nuestro Padre
para reconocer que nos equivocamos y buscamos el amor de Dios” .

«En Cristo se da una nueva
creación, ya que todo proviene de Dios, que ha querido
reconciliarnos consigo por medio de Cristo y nos ha otorgado a
nosotros el ministerio de la reconciliación» (2 Cor 5,17-18).

 

 

 

1. Cristo, reconciliador

La función de Cristo es la reconciliación de todo y todos con Dios; y la función de la iglesia es el ministerio de la reconciliación, por encargo de Cristo. El pecado había enemistado al hombre con Dios, y a los hombres entre sí y con la misma creación .

Cristo viene a ofrecer la posibilidad y el don gratuito de la reconciliación de los hombres con Dios, entre ellos mismos y con la creación. Jesús, al venir al mundo, nos trae la salvación, es decir, nos ofrece el don de la reconciliación de parte de Dios Padre. Para eso envió El a su Hijo: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito, a fin de que todo el que crea en él no perezca, sino que alcance vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17). «El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,10). «Dios quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2,4).

El mensaje de Jesús se centra en un Dios que es propicio a la misericordia, al perdón gratuito e inmerecido, a la reconciliación. Una reconciliación que requerirá «conversión», es decir, «cambio de vida», plasmado en una recuperación de la relación amorosa con Dios, con los demás hombres y con la creación .

Con esto llegamos al punto central de la reconciliación: Dios es amor. No puede ser otro que Dios es amor. La creación, como obra de Dios, y el hombre, como cima de la misma, no pueden ser más que imagen del amor de Dios por el hombre. Por tanto, la reconciliación es la recuperación del amor y de la comunión perdida con nuestro Dios. Dios tiende siempre a la reconciliación, a la salvación. Toda la Biblia no es más que testimonio de esto. Por tanto la reconciliación está en el centro mismo del cristianismo .

Vamos a realizar, en este pequeño trabajo, una aproximación a la Mística y a la Reconciliación. Queremos hacer hincapié en que la experiencia mística es un proceso de volver a Dios, en definitiva, un proceso de reconciliación: un “retorno de amor”.

2. La experiencia mística: Reconocimiento del Amor de Dios.

La Mística designa los misterios de Dios en cuanto vividos o experimentados por el alma cristiana en la que el mismo Dios habita. Es un “proceso dinámico y vital” lleno de riqueza, grandeza y profundidad, pero al mismo tiempo secreto, escondido, íntimo y sobrenatural, porque es Dios quien participa en esta experiencia. Por tanto, es inabarcable, incomprensible e inefable .

La Mística se refiere a aspectos de la vida cristiana tales como: la participación en la vida divina, la divinización, la transformación en Cristo, la relación de amor entre el cristiano y el mismo Dios. Todo ello constituye la esencia de la vida mística y espiritual.

La Mística es “la experiencia de Dios”, de “lo Santo”, de “lo Trascendente”; la experiencia de la persona, trascendiendo todo lo que es y se encuentra en la Presencia de Dios que nos llama a salir a su encuentro. El culmen del encuentro entre Dios y el ser humano es la Mística .

Toda experiencia mística es don que se ofrece no a los mejores o más brillantes, sino a toda aquella persona que, aún sabiéndose pequeña en el amor y viviendo en lo cotidiano de este mundo, intuye la Presencia de Dios que obra sin cesar en ella, transformándola desde su intimidad.

Aquellos a quienes solemos llamar grandes místicos y místicas han sido hombres y mujeres deseosos de Dios, profundamente conocedores de sí mismos, que se han abierto a la acción divina en ellos con dudas y con dolor. Con miedo e incertidumbres. Pero contando con la fe. Amando su vida llena de contrastes, de alegrías y sufrimientos, de gracia y pecado. Pero, a pesar de su vida, quieren adherirse más a Dios y vivir en unión con el amado . Y toda su vida se convierte en don para los demás, experimentando la misericordia y la gracia de Dios que actúan en nuestro interior la experiencia de un Dios que es Reconciliación, Misericordia y Amor. Hay que tener en mente que no poseemos el control de nuestras vidas.

Con todo, la experiencia mística consiste en una experiencia humana llena de profundidad y vida interior que nos lleva a reconocer de manera integral ese primer Amor que es Dios. Muchos reducen la experiencia mística a aquellos santos que obtienen la gracia de los fenómenos místicos, pero se olvidan de los aspectos más esenciales que lleva consigo la mística: el proceso de relación y de diálogo entre Dios y el hombre, la experiencia personal y viva de Dios, la comunicación. Cuando hablamos con términos más humanos y cercanos como encuentro, donación, regalo, comunicación, diálogo, cercanía, presencia,…, es cuando, entonces, apreciamos el valor de la mística y le podemos sacar todo su jugo.

Podemos afirmar que el centro de la experiencia mística está en el amor. Cualquier experiencia mística es una experiencia movida fundamentalmente por el amor y que provoca un aumento del amor; más aún, propio de la mística es la novedad en la vivencia del amor . Un enamoramiento de Dios, un cambio en la relación amorosa con Dios, un compromiso más radical y profundo en la vivencia de ese amor es lo que provoca la experiencia mística del amor . Por este motivo, es frecuente el lenguaje esponsal entre los escritores místicos.

El amor en nuestra relación con Dios lleva la donación, la entrega de nuestro amor gratuito al Amado . Se puede hablar de “Retorno de amor” al Padre. Es un amor que nace en Dios y que nosotros devolvemos a Dios. No es nuestro. Porque nosotros hemos sido amados primeramente, por Dios. Nuestra relación con Dios y el ofrecimiento de nuestra vida a Dios es, en definitiva, una manera de devolver el amor a Dios . Este retorno de amor a Dios conlleva dos movimientos fundamentales. El primero; Dios es el origen de todo amor y nos lo dona a todos los hombres. El segundo; es un ofrecimiento de amor a Dios por parte del hombre . Todo es cuestión de Amor, en definitiva, un “exceso de amor”, por parte de Dios.

3. Dos Sacramentos interpretados como “Retorno de Amor”: Reconciliación y Eucaristía

En el Catecismo de la Iglesia Católica hay un punto de riqueza extraordinaria cuando habla de la santidad por la vida en Cristo: “El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo mediante los sacramentos —“los santos misterios”— y, en Él, del misterio de la Santísima Trinidad. Dios nos llama a todos a esta unión íntima con Él” .

La vida cristiana es progreso, es avance, es crecimiento. Hay que llegar al desarrollo pleno, a lo cual llamamos con razón “la perfección cristiana”. Esta perfección cristiana tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Es el mismo Jesucristo quien, al crecer en nosotros interiormente, se manifiesta también exteriormente, de manera que actuamos no como hombres o mujeres solamente, sino que lo hacemos de una manera distinta, porque es el mismo Jesucristo quien actúa en nosotros. Este desarrollo en Cristo lo realizan en nosotros los Sacramentos, llamados “santos misterios” porque crean en nosotros la vida “mística”.

Con estos presupuestos nos adentramos en la reflexión de dos sacramentos en los que experimentamos, más en profundidad, el misterio del amor de Dios; ese exceso de un amor que viene del Padre y regresa a Él, en definitiva, el retorno de amor.

3.1. La Eucaristía como Reconciliación y la Penitencia como acogida del Amor.

Convertirse, en sentido evangélico, es dar la espalda a todo lo que nos aleja de Dios y poner nuestra vida en sintonía con lo que Dios es y lo que Él quiere. De ahí que la conversión tenga que ver con el alejamiento del pecado y la vuelta al amor. Es un retorno de amor. Por tanto, el perdón es posible porque Dios nos ama primero y nos ama incondicionalmente. Y este amor se manifiesta y se celebra en la Eucaristía, en el contexto de una vida que se entrega por amor, sin reservarse nada . Es la iniciativa de Dios, su amor incondicional lo que explica el perdón y lo hace posible. De este modo el sacramento de la reconciliación se convierte en el signo y la continuación de algo que previamente se ha dado ya en la eucaristía: el amor de Dios con el hombre, un amor incondicional, porque tiene su única razón en el amor de Dios, que nos amó primero.

En el sacramento de la Reconciliación se aprecia el don del perdón que Dios ofrece al hombre, es el sacramento de la vuelta a Dios. Es un retorno de amor. Y, en ese volver, es Dios quien nos ofrece gratuitamente su perdón. Es un sacramento en el que se revela el amor que Dios tiene al hombre, a pesar de su lejanía y pecado. La reconciliación se dirige al hombre para corregir y ayudar a descubrir los errores que ha cometido y le conduce hacia un amor más vivo a Dios y a los hermanos . Es Dios quien tiene la iniciativa y quien ofrece al hombre el don de su perdón.

Dios ofrece al arrepentido su perdón, pero también el hombre debe acoger el don del perdón y responder a la llamada de Dios. Es un retorno de nuestro amor al Padre. Nuestra respuesta libre y sincera es tan importante como el mismo don que ofrece Dios. Porque él no impone su voluntad, ni su perdón, sino que quiere que seamos libres para acoger y aceptar el don que nos regala por pura gracia . El sacramento de la reconciliación se trata de un encuentro entre Dios y el hombre. Es el encuentro de la misericordia y del perdón.

La razón de la reconciliación la encontramos en el amor gratuito e incondicional de Dios. Un amor no acogido no alcanza su objetivo. Entender el sacramento de la penitencia como prolongación y consecuencia del sacrificio de reconciliación que es la Eucaristía, nos permite valorarlo mejor.4. La

4. Reparación, la llave del “Retorno de Amor”.

La espiritualidad cristiana se hace camino donde Cristo se identifica con nuestro caminar. Este camino es sintonía, relación, transformación en Cristo, camino que es crecimiento. La espiritualidad reparadora nace de la cristología contenida en tres títulos cristológicos (Siervo de Yahvé, Cristo Traspasado y Cristo Sacerdote) que expresan de forma profunda cómo se realiza la ley evangélica del amor fraterno .

Reparación es un término empleado para indicar “el debido resarcimiento de un daño causado, especialmente moral,… la repetición de una prueba insuficiente… la restauración material de la integridad y de la funcionalidad en un objeto” . Esta definición se asienta en términos positivos. Se pasa de una situación negativa de error, daño, etc. a una eficacia y mejora. Se considera un restablecimiento o un retorno a algo perdido. La reparación se convierte así en un retorno.

Reparar tiene un sentido de consumirse por los hombres, prodigarse con Cristo al servicio del Padre por la reconciliación de los hombres. Es el "ministerio de la reconciliación" del que habla Pablo a los Corintios (cf. 2 Cor 5,18- 21). Para realizar este ministerio Pablo se prodiga gustosamente a sí mismo, más aún: se desgasta por sus cristianos (cf. 2 Cor 12,15). Pablo concluye destacando cuánto le ha costado a Dios esta reconciliación: “El hizo pecado a Cristo por nosotros” o bien “lo trató como pecado en nuestro favor, para que nosotros pudiésemos convertirnos por medio de Él en justicia de Dios” (2 Cor 5,21), es decir: hemos sido justificados. Así, todo hombre queda reconciliado por medio de Cristo con Dios .

Nuestra Regla de Vida habla expresamente de la reparación: “Nosotros entendemos la reparación como la acogida del Espíritu (cf. 1 Tes 4,8), como la respuesta al amor de Cristo por nosotros, como la comunión en su amor al Padre y la cooperación en su obra redentora en el corazón el mundo” . Es ahí, en el mundo, donde Cristo libera hoy a los hombres del pecado y restablece la unión con Dios.

La Reparación quiere responder al amor de Dios en Jesucristo. El amor a los hombres es el principal motivo por que Dios se hace humano, toma un corazón de carne y se deja traspasar en la Cruz. El traspaso de Cristo en la Cruz representa la culminación de este amor y servicio a los demás .

La Reparación tiene su origen en el amor de Dios. Él nos ama con locura y derrama su amor a todo hombre. Este amor es el que nos incita a retornar al Dios, es decir, a corresponder a su amor. Por tanto, nosotros mediante el amor, que nace de Cristo, participamos en esa obra de reconciliación.

5. A modo de conclusión

La reconciliación, reparación o retorno de amor al Padre, conlleva la superación de un estado de ruptura o distanciamiento de una persona o un grupo en su relación a Dios . Se habla de un retorno en el sentido de restablecimiento de un amor perdido o roto. Se trata de la reconciliación con Dios.

El retorno de amor al Padre implica una vuelta a la autenticidad del propio ser, es conversión, reconciliación, acercamiento, posibilidad de reencuentro con nuestro Dios, diálogo y apertura. Por tanto es un volver a la vida en Cristo, para unirnos más íntimamente a nuestro Dios. Este es el camino de la vida espiritual: acortar distancias con nuestro Dios y vivir nuestra vida según sus parámetros.

La mística es un camino dinámico que nos permite configurarnos con Dios, a través de un amor que se derrama en nuestras vidas y que nos posibilita la conversión de nuestro corazón. En definitiva, es un retorno al Amor.
 

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