Rincón para la música II (música litúrgica)

La melodía y el texto son como dos lenguajes simultáneos que deben estar en armonía, en simbiosis. El texto tiene la primacía, es el mensaje propiamente dicho, es portador de significaciones que la música toma de él. Ésta, por su parte, prolonga, profundiza, matiza, realza sin fin el sentido del texto.
El texto de un canto litúrgico debe ser preferiblemente de contenido bíblico o inspirado en las Sagradas Escrituras, o bien inspirado en textos de los santos Padres o en los textos litúrgicos, o hacer referencia a la historia de la salvación o a los dogmas de la fe. También puede suscitar sentimientos de adoración, penitencia, conversión, alabanza, acción de gracias y súplica.
La forma del texto tiene que tener elevación poética, no ser ramplona, vulgar, ni chavacana, y además de fácil comprensión por todos, tanto en el aspecto semántico como en la facilidad para la vocalización.
Los textos han de responder a la naturaleza de la acción litúrgica y del tiempo litúrgico para los que han sido concebidos. Son textos para expresar y confesar la fe, no para enseñarla.
La música es servidora del texto, es como su vestido. Debe permitir no sólo que se entiendan con claridad las palabras, sino también darles vida, hasta el punto de que una buena melodía salva un mal texto. La música está en función de la letra a la que acompaña o sustenta para que, conjugándose artísticamente, sea fiel transmisora del mensaje espiritual del texto. Si la forma musical elegida no es la adecuada, en vez de ayudar a rezar y a sumergirse en la celebración del misterio, distraerá la atención. Además, cada momento de la celebración requiere una forma musical diversa, según se trate de una procesión (entrada, dones, comunión), aclamación, alabanza, oración, meditación, etc.
La música debe ser fácil y sencilla, sin llegar a ser simplona, no necesariamente pegadiza, servidora del texto, de buena calidad formal, creadora de comunión en la asamblea y capaz de evocar un mundo de misterio y trascendencia.
No toda música es válida para una letra, para un momento litúrgico o para una asamblea concreta. No es lo mismo la salmodia de un monasterio benedictino que la celebración de la Eucaristía de un Colegio de Educación Secundaria. En cada caso la música ha de ayudar a centrar la atención en los misterios que se celebran. Por lo tanto, no nos cansemos de mejorar continuamente la calidad, en texto y en música, de los cantos litúrgicos, sobre todo en nuestras asambleas dominicales y sin olvidar las características de la misma.
 

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