Sacar del laberinto

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El laberinto de Dédalo era el espacio mítico mandado construir por el rey Minos para aprisionar al minotauro, monstruo antropófago con cuerpo humano y cabeza de toro, impidiendo que sembrara devastación entre la población de Creta. Periódicamente internaban a siete muchachos y a siete muchachas forasteros para que los devorara el monstruo. Uno de ellos, Teseo, se propuso darle muerte y salir del laberinto. Para ello contó con la complicidad de Ariadna, hija del rey, que le proporcionó un ovillo con el que marcar el camino de salida.

En su experiencia de trato con personas migrantes y refugiadas en Melilla, la Iglesia Española siente frecuentemente que se ven como atrapadas en un laberinto, en parte físico (o geográfico), en parte tejido por una maraña de normas y prácticas administrativas que frustran la regularización del proyecto migratorio. Aunque su vocación sea la de proporcionar el ovillo que ayude a salir del laberinto, por ahora enhebra los hilos y trata de comprender los resortes que abren camino.

Lee el artículo “Uniendo fronteras” de Jennifer Gómez, área de Migraciones, Justicia y Solidaridad de CONFER aquí.

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