Sacerdotes: “Ya no os llamo siervos, sino amigos”

El sacerdote Juan José Arnáiz scj. escribe en el blog de Religión Digital reflexionando sobre la homilía del entonces Cardenal Joseph Ratzinger en la iglesia de San Ignacio de Loyola en Campo Marzio, Roma, con motivo de la ordenación sacerdotal de 5 diáconos del Pontificio Collegio Germanico-Ungarico.

¡Queridos candidatos a los Ordenación,
Queridos hermanos en el ministerio sacerdotal,
Queridos hermanos y hermanas!

La primera afirmación del Evangelio de hoy es de una grandeza que, en el fondo, debería quemarnos por dentro si no nos hubiésemos hechos insensibles a causa del acostumbramiento. “Como el Padre me a mí, también yo os he amado a vosotros”, dice el Señor. Esto significa: con el mismo amor con que Dios se ama a sí mismo, con el mismo amor con el que el Hijo se dirige al Padre, con el mismo amor el Señor nos ama a nosotros. Estamos implicados en este eterno misterio de amor de Dios y en él somos amados también nosotros con el mismo amor. ‘Somos conocidos, somos amados, somos acogidos’. No estamos en el mundo como en el vacío, no hemos sido arrojados a una oscuridad privada de sentido del cual no sabemos de dónde viene ni a dónde conduce. Un amor indestructible nos acogió primero y nos acompaña.

‘Somos amados, esto significa: somos necesarios’. Porque quien es amado para quien lo ama es útil, es más, necesario. Dios que no necesita a ninguno nos ama, y así se hace verdadero lo inverosímil: Él necesita de nosotros, nos hemos hecho necesarios para Él. Somos útiles. No estamos en el mundo inútilmente. Él nos quiere. Necesita de nosotros.

Este ser necesarios, que da sentido a nuestra vida, se hace concreto de manera particular en el sacerdocio. Para los sacerdotes vale de modo específico lo que Jesús dijo a sus discípulos: “Os he elegido para que vayáis y deis fruto, un fruto que permanezca”. El Señor necesita de nosotros para que “vayamos y demos fruto”. Él salió de la eterna gloria de Dios para traernos el “sí” de Dios, para indicarnos el camino, para ser Él el camino para nosotros. Él quiere –y precisamente esta es la voluntad específica para el sacerdote – que continuemos este “salir de Dios”; quiere que por Él salgamos, nos encaminemos, a fin de que Él pueda continuar y llegar hasta los hombres. Él quiere que vosotros deis fruto de esa manera.

Sigue leyendo en el blog del P. Juan José Arnáiz Ecker

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