SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA

JOSÉ UN ESLABÓN EN LA HISTORIA

Dios pide al hombre que colabore en sus proyectos. Él no lo necesita, pero sus planes pasan por el “si” o por el “no” de los hombres. Así ocurrió con José y María. Ellos, disponibles, colaboraron al plan divino. Dios los situó en el punto crucial de la historia, entre la promesa y la realización. José acumula las esperanzas mesiánicas y abre el espacio al cumplimiento de las promesas. José, hombre justo y enamorado de María, es el primer testigo del misterio de Santa María. Fue custodio de secretos y de misterios. Dio nombre a Jesús y fue guardián amoroso de lo más querido por Dios. En cambio, hoy el hombre y la mujer se autodefinen a sí mismo y no aceptan los planes provenientes de fuera y mucho menos si provienen de Dios. José, hombre de fe, acoge silenciosamente el misterio en su corazón y colabora desde la sombra en la obra de Dios. Es el hombre justo y creyente.

HIMNO A SAN JOSÉ: Dios confió en él ("Jesús nuestro amigo" Cesareo Gabaráin) ESCUCHAR

Dinos lo que piensas,
dinos tú, José,
dinos en qué piensas
en ese taller.
Ya no cantan ángeles
como allá, en Belén,
sólo tu martillo
canta en Nazaret.
Dios es solo un niño
que quiere aprender,
que juega a tu lado
y tú juegas con El.
Dios nos ha hecho un cielo
de tu taller y te llama
“padre” ¡padre José!.

Canta mi martillo
en una oración,
rezo con mis manos,
con mi corazón.
Fíjate en María,
la madre de Dios,
siempre sonriendo,
es una canción.
Junto a mí los seres
que más quiere Dios,
sólo para amarlos
se que vivo yo.
Yo les doy mi vida,
mi protección,
en un carpintero
Dios confió.

En tus manos, padre,
Dios quiso poner
los seres queridos
que has de proteger.
Fuertes son tus brazos,
grande es tu fe,
si Dios te ha elegido,
qué bueno has de ser.
Hoy tus hijos, padre,
quieren aprender
la lección sublime
del pobre taller.
Somos tu familia,
tu Nazaret, cuida de tus hijos,
padre José.
 

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