Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor

Parroquia de Sucina. Murcia
Parroquia de Sucina. Murcia

La fiesta del “Corpus” fue instituida allá por los años 1200 para marcar con fuerza la presencia real del cuerpo y de la sangre de Jesús en las especies del pan y del vino consagradas en la celebración eucarística. PRESENCIA REAL Y VERDADERA del Señor Resucitado en el pan y el vino ofrecido y consagrado. Santo Tomás ante el pan y vino consagrado dice que los sentidos “fallan” y que no nos informan de la realidad ahí presente. Dice que la fe debe prestar el suplemento necesario para descubrir en las especies del pan y del vino el cuerpo y la sangre del Señor. Santo Tomás añade que el Señor Jesús es digno de todo crédito y sus palabras no pueden engañarnos. Él afirma que “esto es mi cuerpo” y “esta es mi sangre” y por lo tanto debe prestársele el obsequio de los sentidos y admitir totalmente lo afirmado por Jesús que, siendo Dios, no puede ni engañarse ni engañarnos.La Iglesia, en Trento, afirma solemnemente que por la consagración eucarística el pan y el vino dejan de ser pan y vino y son realmente el cuerpo y la sangre del Señor. Permanecen las “especies” del pan y del vino, pero en el pan y el vino se ha dado una transustanciación. Siguen las especies, pero la sustancia ahora es no la del pan y vino, sino la del cuerpo y la sangre del Señor.

Lutero dará otra explicación a la presencia de Jesús en la eucaristía (empanación o consustanciación) y en la modernidad hay tentativos de explicar este acontecimiento desde la “transfinalización” y desde la “escatologización” del pan y del vino.

Personalmente digo que todas las teorías tiene su “aquel” y ayudan a enriquecer el acontecimiento, pero la razón última sigue siendo la de Santo Tomás de Aquino que no es otra que la de fiarse de la palabra pronunciada por Jesús en la última cena.

¿Cómo del pan se puede llegar a la realidad del cuerpo de Cristo? ¿Cómo las realidades naturales pueden densificarse de tal manera que lleguen a tener sentidos más profundos hasta cambiar su mima realidad inicial? En las lecturas de hoy podemos asistir a uno de estos procesos de profundización y de cambio en las realidades que se manejan.

Palabras de Jesús que no son “inventadas” desde un subidón emocional de aquel momento sino que son el reflejo de una profundización meditada a lo largo de toda la vida sobre el hecho de la Alianza realizada por Dios con su Pueblo. La primera lectura, Éxodo 24, 3-8, recoge la fuente original de donde bebe Jesús. La primera Alianza fue sellada con sangre derramada sobre el altar y el pueblo. Un Pueblo que dice “Amén” a las propuestas de Dios que van precedidas por la propia donación de Dios. Dios se entrega “antes” y hace “maravillas” en favor de su Pueblo. Ahora el Pueblo acepta la comunión con Dios en obediencia a sus leyes, porque sabe que son camino seguro hacia la salvación. La sangre manifiesta la comunión de vida entre Dios y su pueblo, además de que es Dios el que dá esa vida porque quiere y en libertad absoluta. La “sangre”, la vida es propiedad de Dios.

La carta a los Hebreos 9, 11-15, toca el tema del sacerdocio de Jesús, que nace de aquel acto obediencial de Jesús al Padre en el que dice: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Jesús es sacerdote desde siempre por su Amen al Padre. Un SI que brota del mismo amor del Padre regalado al Hijo y que el Hijo devuelve filialmente al Padre en una actitud de ofrenda permanente. Ofrenda que llega a ser sellada en plenitud en la cruz. La sangre del hijo, la vida derramada es señal de esa fidelidad y donación total al Padre y en favor de los hermanos. Sangre derramada que purifica y sana y nos hace hijos.

Marcos 14, 12-26 proclama el momento de la institución de la Eucaristía. Momento en que llega a plenitud lo significado en el Antiguo Testamento. Jesús interpreta el acontecimiento cruento de la cruz como donación y entrega de sí mismo, en libertad absoluta, al Padre en favor de los hermanos. El pan ázimo, recuerdo del maná y del pan de la esclavitud, será a partir de ahora sacramento de su cuerpo entregado; un cuerpo partido y entregado que finaliza toda la vida de Jesús, vivida en esa actitud de entrega en favor de los demás y para los demás.

El vino será sacramento de su sangre derramada, de su vida derramada en favor de los demás y para los demás.

El pan y el vino, en a eucaristía, se hacen verdaderamente cuerpo y sangre del Señor. Y comer del pan eucarístico también provoca la comunión de vida entre nosotros. Es la fuente de la comunidad y el alimento de esta comunión entre los miembros de la comunidad. Todos comemos del mismo pan y nos hacemos uno con ese pan que es el cuerpo de Cristo.

Hoy es un día pensado para vivir esta presencia real de Jesucristo en el sacramento de la eucaristía.

Pero no podemos olvidar que comulgar con el cuerpo y la sangre del Señor es comulgar con un “cuerpo” entregado y con una sangre “derramada”. Al comer este pan nosotros nos hacemos “cuerpo entregado” y “sangre derramada”. Es decir que no se nos da para la fruición mística (que también) sino que se nos da para que nuestra vida sea ofrenda agradable a Dios y sepamos vivir nuestra vida, al estilo de Jesús, dando nuestra vida a favor y servicio por los demás. Todos los demás, pero de forma particular por aquellos que están más necesitados de vida. Hemos de estar al servicio de los pobres, los indigentes, los sin techo, los afligidos por cualquier causa. Hemos de ser pan partido, compartido y repartido a favor de los hombres y mujeres, nuestros hermanos y hermanas.

Modelo de este estilo de vida de cristiano que vive su vida como ofrenda al Padre, tenemos al Beato Oscar Romero asesinado el 24 de marzo de 1980 cuando celebraba la Eucaristía en la capilla del hospital de la Divina Providencia del Salvador. Es el patrono de Cáritas y apóstol de la paz. Poco antes de morir dijo: “El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad”. Beato Oscar Romero, ruega por nosotros.

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