Sermón de la Pasión del P. Juan Mª de la Cruz

El Beato y el Crucificado

Compartimos un texto referente a la Pasión de Cristo en el Viernes Santo. Se trata del Sermón de la Pasión que hace 100 años escribió el P. Juan Mª de la Cruz. En aquel momento el Beato Juan Mª era sacerdote diocesano en Ávila, concretamente en Hernansancho y Villanueva de Gómez.

 SERMÓN DE LA PASIÓN

 “Dice el Espíritu Santo por boca del Sabio que es mejor asistir a la casa del luto que a la casa del convite. Debemos llorar con los que lloran y afligirnos con los que se hallan afligidos, según el precepto del Apóstol. Pues bien, hermanos míos, somos todos invitados a un gran luto, pero un luto extraordinario, sin semejantes. ¿Cuál es la causa de este luto? ¿Qué familia es la que se halla hoy de luto? Bien la sabéis, la casa del luto es la Iglesia de Dios, la familia que lo celebra es el cristianismo. No dejemos, hermanos míos, de corresponder a esta invitación. Vengamos a estos funerales sagrados, que muchísimo nos interesan. Escuchemos los gemidos y dolorosos ayes que hoy exhala la Esposa del Cordero Inmaculado, nuestra santa Madre la Iglesia, y si no queremos pasar por hijos despiadados acompañémosla y consolémosla en su aflicción, uniendo nuestras lágrimas y suspiros a los suyos.

Todo contribuirá, hermanos míos, a familiarizarnos con el dolor; si consideramos la persona que padece y muere, quedaremos pasmados al ver que esta persona es el Hijo de Dios, que como ayer decíamos es el Creador y Dueño absoluto de todo lo creado, etc…. Y si ayer quedábamos atónitos al verle postrado en tierra lavando los pies a sus discípulos, ¿qué diremos hoy al verle padecer los más atroces tormentos en su cuerpo, en su alma, en su honor? En su cuerpo santísimo sudor y sangre, puñadas, bofetadas, azotes, espinas, trabajos, fatigas, clavos, heridas y la muerte más cruel y dolorosa. En su alma santísima tristeza, angustia, aflicción, temor, desconsuelo, abandono de sus amigos y de sus enemigos; verse en efecto vendido por uno, negado por otro, abandonado por todos y para colmo de su pena hasta de su Eterno Padre, quiso abandonarle y dejarle su alma inocente sin consuelo a fin de que fuesen mayores sus sufrimientos, y más copiosa por tanto nuestra redención.

En su honor sufre desprecio, insultos, desacatos, mofa, escarnio, injusticias grotescas y las más crueles descortesías. Y todo esto lo sufre con la perfecta resignación y exacta conformidad con la voluntad de su Padre, no huyendo de los sufrimientos sino abrazándose con ellos, no quejándose de las crueldades e injusticias de sus enemigos, ni de la rabia infernal y odio encarnizado de aquellos males ministros, ni de la ingratitud de aquellos que tantos beneficios habían de él recibido, sino callando humildemente sin despegar sus labios.

Vengamos, hermanos míos, a aprender esta doctrina celestial, que desde la cátedra de la Cruz nos enseña el Divino Maestro, la doctrina del sufrimiento, del sacrifico, de la paciencia, de la resignación con la divina voluntad, de la humillación de la obediencia, pues como dice repetidas veces la Iglesia nuestra Madre en el Oficio Divino y otras oraciones: “Factus est pro nobis…” “Se hizo por nosotros”.

Iremos, pues, recorriendo con la consideración de diversos pasos de la Pasión del Señor. Ayudadme con un Ave María”.

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