Sexto domingo del tiempo ordinario: bendiciones y maldiciones

El profeta Jeremías levanta la voz en medio de las desigualdades e injusticias que en su pueblo estaban impidiendo una convivencia en paz y, de parte del Señor, advierte del desastre que les espera a los opresores injustos, que viven confiando en sus riquezas. Seis siglos después, Jesús ratifica las palabras del profeta: declara dichosos a los que siguen el camino de las bienaventuranzas. Después de más de veinte siglos esta Palabra sigue resonando en nosotros, hombres de hoy. ¿Dónde está nuestra felicidad? ¿Dónde apoyamos nuestra vida? Ante las bienaventuranzas de Jesús hubo mucho desconcierto. Dejemos que esta Palabra, proclamada para el día de hoy, nos desconcierte, inquiete y remueva por dentro. Éste será el indicativo de que sigue siendo Palabra vida para el hombre de hoy que la escucha con el corazón.

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