Siguiendo las huellas de Jesús

Caminante
Caminante

En el artículo anterior comentábamos la experiencia formativa que tuvimos en el tercer encuentro de novicios entre España y Portugal. Como ya bien se ha dicho fue una experiencia bastante positiva porque nos formamos, compartimos, conocimos una realidad distinta a la que vivimos. Tuvimos una experiencia para compartir con los hermanos, que a pesar del diferente idioma nos entendemos muy bien. Estando en Portugal intentamos compartir también el ritmo que lleva el noviciado habitualmente. Por ello realizamos una experiencia intensa: compartir el Apostolado que realiza Filipe Rodrigues (novicio portugués), que los detallaré en tres breves puntos:

 

  • Los lunes, Filipe asiste a la cárcel junto con un sacerdote de la diócesis de Aveiro. Él es quien lleva a cabo la pastoral penitenciaria. Colaboran con él un diácono permanente y una laica. Nosotros nos unimos a este apostolado admirable. Cuando llegamos a la cárcel hacemos el proceso habitual: identificarnos en la entrada, nos revisan, en un casillero guardamos nuestras pertenencias y luego entramos a una sala, donde acomodamos un altar, una cruz y una virgen de Fátima. Más tarde llegan los presos y se hace una celebración de la Palabra, en la que ellos cantan, escuchan con gran agrado y atención al sacerdote. Son personas como cualquiera de nosotros; tienen en su rostro un poco de esperanza, de querer ser distintos. El el paso que van dando es un encuentro con Aquel que al igual que ellos estuvo preso y que también se hace presente en ellos porque tenemos fe en la Palabra que nos dice: “Estuve en la cárcel y vinieron a verme” (Mateo 25,36).

 

  • Otro apostolado que pudimos compartir fue la catequesis de niños. Siempre es agradable ver a los niños con su inocencia acercarse a Dios, que los recibe sin duda alguna con los brazos siempre abiertos, como Jesús nos lo hace saber: “Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios” (Mc 10, 14). Tuvimos una experiencia excelente, ya que estos niños estaban muy bien organizados y preparados: la biblia la manejaban muy bien, intervenían mucho y decían su parecer, aunque fuese errado. Ellos siempre dan alegría a los catequistas.

 

  • El último apostolado en el que participamos fue el sábado. Salimos de casa sobre a las 9 de la noche. Este apostolado es uno de los más fuertes e impresionantes. Consiste en dar alimento a los que viven en la calle, sin hogar. Lo realizamos con dos señores que van por las calles de Aveiro en una camioneta dando algo de comer a aquellos que lo necesitan. Nosotros estuvimos en dos lugares. En el primero, ya estaban esperándonos; salimos del coche, sacamos las cosas, colocamos una mesa en la acera y en ellas las cosas que iban a comer. Luego iban acercándose a recoger los alimentos. Percibimos que en este ambiente había de todo: desde jóvenes hasta personas mayores, tanto hombre como mujeres. Además de comer allí podían llevar algo para compartirlo con otras personas que por circunstancias que desconozco no podían ir. Estos llevaban sus bolsas y colocábamos alguna cosa depende la cantidad de personas con las que iban a compartir. Esta experiencia hizo resonar en mí la Palabra: “Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber.” (Mateo 25,35). También recordé a nuestro querido Papa Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir, que enferma por encerrarse”.

 

Si alguien realiza algún apostolado, sea cual sea, siempre y cuando sea para la gloria y honra de Dios, adelante y ánimo. Todo lo que hagamos por los demás es siempre un signo de que respondemos de una u otra manera a lo que Jesús nos invita: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS, COMO YO LOS HE AMADO”(Jn 15, 9-17).

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