Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, P. Provincial Jesús Valdezate Soto, scj

Madrid, 18 de junio de 2009
En la víspera de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús
Queridos hermanos todos: ¡Feliz solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús!
Es la primera vez que, como Provincial, me dirijo a vosotros con motivo de nuestra fiesta y del día en que renovamos nuestra consagración religiosa al Señor. Os dirijo estas palabras cuando aún resuenan en mis oídos los ecos de todo lo vivido, experimentado y aprendido en nuestro XXII Capítulo General: Caritas Christi urget nos! Además de enviaros el saludo fraterno de nuestro reelegido Superior general, comparto con vosotros el recuerdo de estas cuatro semanas donde ha habido tiempo para muchas cosas: obtener una visión más amplia de nuestra realidad congregacional, más datos para evaluar nuestro momento como Provincia, adquirir ideas y planteamientos “viejos y nuevos”, pero urgentes.
El Capítulo ha insistido en recordarnos el centro de nuestra vida. Aunque sea una cita larga, dejadme reproducir unas palabras de nuestro Fundador que nos pueden iluminar: “La cabeza es el símbolo de la inteligencia y la autoridad. El corazón es el símbolo del amor. Jesús es nuestra cabeza en el sentido de que nos ilumina, nos ordena y nos dirige. Él es nuestro corazón por el amor que tiene por nosotros y que nos inspira. Él es nuestro corazón mucho más que nuestra cabeza, porque el amor lo sobrepasa todo (1 Cor 13, 13): el pensamiento es apenas una preparación para él y la acción es solo una consecuencia suya” (Coronas de amor I, 5, 3). Os invito a que esta solemnidad que mañana celebraremos sea renovación de la experiencia fundamental del amor de Dios, un amor con rostro concreto, con palabra concreta, con manos concretas. Es esa experiencia, renovada y respondida con nuestros votos, la que, como recordaba el P. Dehon, ilumina, ordena y dirige nuestra VIDA.
He puesto en mayúsculas la palabra “vida”. Lo hago porque nuestra vida consagrada la vivimos en una España, en una Europa, que ve la constante disminución de pertenecientes efectivos a la Iglesia. Me pregunto: ¿hemos acertado a proponer un género de vida como creyentes vivible en el día de hoy? Un autor, hace ya muchos años, decía que hoy no son las ideas las que engendran herejías, son las expectativas de vida las que sugieren nuevos valores, no siempre en armonía con la tradición cristiana. Concluía diciendo que no nos falta la racionalidad, sino la sabiduría. Por lo tanto, son los maestros, no los grandes sabios, los que nos faltan. Una Provincia que desarrolla con mucha fuerza la intuición carismática de Dehon como educador sabe que está en la primera línea de misión llevando un colegio o universidad, proponiendo la vocación dehoniana en un seminario, evangelizando e iniciando a la fe con una predicación de calidad en una parroquia.

 

Por eso, en este día renovamos también nuestro envío misionero, que consiste en hacer discípulos para un género de vida fundado en el Evangelio. El futuro de la aceptación de la fe de las personas que pasan por nuestras parroquias, nuestros seminarios, nuestros colegios, nuestros ESIC, en Ecuador, allí donde trabaja un reparador, un dehoniano…, depende cada vez más, creo, de que experimenten un proyecto de vida, un estilo de vida, que sea efectivamente salvífico para él, que le aporte algo, que le cambie la vida a mejor.
Así, os invito a que, como religiosos, vivamos entre el pueblo como el pez en el agua: para aprender, no sólo para instruir; para recibir, no sólo para hacer nuestro trabajo. Afirmemos sus mayores valores, aprendamos su capacidad de lucha y de aguante, su sentido de la justicia, escuchemos sus experiencias de amor. Y anunciémosles el Evangelio: el Evangelio que vivimos de hecho y el Evangelio que sabemos que aun no hemos alcanzado… pero que es meta, es desafío, es empuje.
Nuestra espiritualidad del Corazón de Cristo nos lleva al centro, nos lleva a lo esencial de la fe cristiana. Y esto es fuerza apostólica, porque sólo lo esencial se puede proponer a todos, es decir, hasta los más alejados; hasta los más “anti-Iglesia” lo pueden acoger.
Los avatares sociales nos han conducido a protagonizar la misión de nuestra Congregación en una cultura secularizada. Nosotros, asumiendo incluso el riesgo de diluirnos y relajarnos (algo a vigilar y corregir), amamos este mundo y sus personas hasta compartirlo. Sabemos dar y recibir a un mismo tiempo. Pues estas personas que no logran sentir y ver a Jesucristo, “el hombre de Corazón nuevo”, son los destinatarios del anuncio. Por este hombre de hoy tenemos que santificarnos nosotros mismos.
Esta fiesta del Corazón de Cristo no deja de ser también advertencia: si renunciamos a lo nuestro especifico, “el más admirable de los tesoros” que diría el Padre Dehon, tendremos las manos limpias, no cometeremos errores, no nos mancharemos… pero porque nos habremos quedado sin manos. Y esto, jamás nos puede pasar.
Queridos religiosos sacerdotes y hermanos, queridos escolásticos, novicios y postulantes de la Provincia: que este día grande renueve el centro de nuestras personas, que sea luz para afrontar los desafíos que el nuevo año pastoral traerá consigo como personas y como comunidades, que el amor de Cristo nos ayude a superar nuestras estrecheces, nuestros bloqueos, nuestras angustias; que la caridad de Cristo nos impulse a metas más altas, a un amor más alto que nos acerque a Dios. En eso consiste la santidad, ¿verdad?
Para despedirme, dejadme orar con el P. Dehon, por vosotros, por nuestras comunidades y por nuestra Provincia y Congregación:
Te amo, Señor, pero mi amor es aún débil.
Quiero que sea fuerte y más constante.
Fortalécelo y hazlo duradero e inquebrantable.
Me has dado la gracia para empezar a amarte;
dame también la gracia de continuar amándote, cueste lo que cueste.
Quiero ofrecerte constantemente mis acciones diarias, trabajos y problemas en un espíritu de amor.
(Vida de amor, meditación 33)
Que el Corazón de Cristo os bendiga hoy y siempre,
P. Jesús Valdezate Soto, scj
 

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