Testimonio pascual de Mónica (Valencia)

Esta ha sido mi segunda Pascua vivida como tal, sentida de una forma tan intensa, sincera y cercana que consigue llegar al corazón de cualquiera. El mío lo ha conmovido por completo.
No sé por dónde empezar, ni qué os gustaría escuchar de mí. Lo que se vive en la Pascua es una experiencia única y que cada persona vive de un modo diferente, lo que sí que tengo claro es que cada minuto vivido allí merece la pena y es enriquecedor en todos los sentidos. Para mí esta Pascua ha sido diferente de la anterior, ni peor, ni mejor, simplemente distinta. Me di cuenta de cosas que la primera vez pasé por alto y volví a sentir aquellos sentimientos tan fuertes que ya despertó en mí la primera vez. Me sentí culpable, despreciable, frágil, débil, impotente… Descubrí que no es tan fácil cambiar, que no se consigue sólo con quererlo, y que algunas cosas en mí que no me gustaban y que creía superadas, en ocasiones vuelven a salir. Y es que por algo se dice que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra, con los mismo errores, los mismos obstáculos. Caemos por nuestras propias piedras. Darme cuenta de esto me ha animado a cambiar de verdad, a dejar de engañarme a mí misma. Sin embargo, después de sentirme tan poca cosa y tan ruin, me sentí totalmente perdonada y tremendamente amada por Dios pese a todo. Con la alegría de su resurrección, vinieron a mí un montón de sentimientos positivos, despertó en mí un gran amor por la vida y por todos los que me rodean, y una paz y alegría inmensas.
Durante esta Pascua tuve varios momentos para pensar sobre cómo soy y cómo me comporto, sobre el camino que llevo recorrido y el que me queda por descubrir y vivir. En todo ello pude ver una constante: Dios. Y es que Él de un modo u otro siempre ha estado ahí, aunque yo no haya sabido verlo.
Momentos como los vividos en la Pascua Juvenil son los que me ayudan a recordar y a ser más consciente cada día de su presencia y, más allá de esto, de su amor infinito. Sé que Él vela por mí, que me ama y que quiere lo mejor para todos nosotros. Por ello, ¿quién será mejor guía en mi camino sino Él? Quiero dejarme llevar por Dios, que mis oídos sordos escuchen bien alto y claro qué quiere de mí, y deseo con todo mi corazón tener la fuerza y el valor necesarios para seguirle.
Después de estos días de Pascua he vuelto con las energías renovadas y mi fe fortalecida. He vuelto con mucha confianza en que, sea lo que sea lo que me depara el camino, conseguiré superarlo porque Él está conmigo. Y sobre todo, he vuelto repleta de paz, tranquilidad y alegría. En estos momentos sólo se me ocurre una cosa que decir, GRACIAS a todos y, en especial a Él, por TODO.

Mónica de la Piedra (Valencia)
 

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