Testimonio religioso y misionero del P. Manuel Lagos scj

Manuel Lagos scj. durante su ordenación como diácono de la Iglesia.
Manuel Lagos scj. durante su ordenación como diácono de la Iglesia.

El mes de marzo, dentro de nuestra congregación, es el mes dedicado a nuestro fundador, el p. León Dehon. Es un mes significativo para los dehonianos, especialmente por el don del Espíritu al darnos este carisma que enriquece a la Iglesia. El natalicio del p. Dehon nos recuerda que nuestra vocación tiene que ser una vocación alegre y renovada para servir mejor a la Iglesia en los hermanos.

Por ello, en este mes el Señor me regaló la oportunidad de unirme a Él más íntimamente en la vida religiosa y en el ministerio que la Iglesia me confiaba. El 14 de Marzo del 2015, en Bahía de Caráquez, celebraba mi consagración perpetua y el 21 del mismo mes era ordenado como diácono de la catedral metropolitana de Portoviejo –Ecuador. Pero también, el 30 celebraba los veintisiete años de vida que Dios me regalaba.

Junto a mis padres, hermanos de comunidad y amigos, celebrábamos todos estos acontecimientos que me confirmaban la inmerecida Gracia de Dios y su generosidad para conmigo. Hoy doy gracias a Dios por el don de la vocación, por la gratuidad de su presencia y por la infinita fidelidad y confianza que Dios me ha tenido para llamarme a tan especial servicio.

Vida, compromiso y misión se mezclaban y conjugaban en este mes, me llevan a dar pasos definitivos, poniendo mi vida en las manos de aquél que me ha llamado a su servicio. Todo esto lo resumo en un mes intenso pero hermoso.

Todo lo que había imaginado antes de cómo sería el día de mis perpetuos se transformó. Nunca imaginé que los haría en Ecuador, con las personas que estaban presentes, ni mucho menos la sensación de profunda felicidad que me llenaba. El Corazón de Jesús me acogía y me unía completamente a él. En definitiva, Dios me guía según sus planes, que casi siempre no son los míos.

Quiero que mi testimonio de confiarme en las manos de Dios no sea sólo un acto bonito para recordar, sino que sea un verdadero signo para tantos jóvenes que aún tienen miedo a arriesgar, a salir de los esquemas de nuestra sociedad, a entregar su vida desde este estilo que Jesús nos propone de vivir como él castos, pobres y obedientes, que sí es posible vivirlo con entrega y radicalidad, que nos invita a movernos de nuestros horizontes existenciales y a lanzarnos a la aventura de seguirle desde la vida religiosa. Ser religioso hoy es un verdadero reto, pero Dios no abandona a quien llama.

Sigamos orando, para que el Señor envíe santas y auténticas vocaciones a la Iglesia, para que seamos presencia profética en nuestro mundo y en la sociedad, para ser verdaderos “profetas del amor y servidores de la reconciliación”.

Manuel Lagos SCJ

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