Testimonios Pascuales, Pascua Rural

Quizá muchas de las personas con las que hemos compartido la Pascua en Piedrahita, San Miguel o Santiago se preguntasen, ¿Qué hacen chicos tan jóvenes en nuestro pueblo aquí contándonos sus cosas? O ¿Qué les ha llevado a moverse hasta aquí? ¿Qué Dios tan grande tendrán dentro que les empuja a hacer estas cosas? Pues bien, el jueves Santo, en la hora santa, les pude transmitir y darles a conocer todo aquello que sentía y me quemaba por dentro. Desde lo poco que podía aportarles y hablándoles en primera persona a la vez que en tercera, se hizo grande la palabra de Dios brotando por mi boca…
Estos días, son días muy especiales, significativos y emotivos para todo cristiano, tantas cosas que vivir, tantas cosas que sentir, y tantas cosas que celebrar… Jesucristo me invita a vivir cada día bajo un sentido, bajo un valor.
Hoy, jueves santo, día de amor. Descubrir el amor desmesurado que tiene dios por cada uno de nosotros, un amor de entrega, que no se sacia fácilmente, insaciable y desmesurado. Un amor que me pide que me atreva a mirar a trabes de su corazón y así poder amar al prójimo como a mi misma. Si, gran desafió diréis todos, pero una gran verdad. ¿Amar así por así? ¿Servir sin más?, todos diremos “¡Cómo voy a hacer yo eso!”… Ilusos de nosotros, Cristo nos contesta y nos dice “quítate la venda que cubre tus ojos y sigue mis pasos”…
Mañana viernes santo, día de pasión. Pasión por dios, pasión por el hombre, pasión al límite. En este día, cristo, mi cristo, ese cristo que remueve el mundo, que lo hace latir y que lo revive día tras día, morirá por mí. Si, podría haber pasado del tema, pero no pretende salvarse a si mismo, sino a todos nosotros. El me invita a cargar con mi cruz y a seguirle camino del Gólgota. Trágate tus miedos, tus inseguridades, tus pecados y sígueme. No, no os preocupéis, no nos dejará como si nada, él esta con nosotros, y nosotros debemos estarlo con él, hasta el final. Nos ayudará en el camino pondrá una rueda en nuestra cruz para que se nos haga menos pesado y nos mirará a los ojos con una mirada esperanzadora, que ya clama vida. Es el momento, adorar la cruz como si se me perdiese la vida en ello. Solo queda eso, la cruz y yo. Hoy, se cumple su gran sueño de morir por todos y cada uno de nosotros.
El sábado santo es el día del silencio, de la esperanza. Su luz nunca ha dejado de brillar, incluso dentro del sepulcro siento que está ahí, al acecho. Luz, si luz, incluso en un día de sombra y silencio. Luz que alumbra cada momento de mi vida y de la de todos nosotros. Fuego, llama que arde y no quema. Fe inquebrantable y amor insaciable. Y mientras yo dudando y esperando, cuando en este día se nos invita a caminar…Quizá no le escuchemos en este día, quizá nuestra cabeza esté llena de ruido, y en nuestro corazón sobran las palabras… “Ay, si se callase el ruido”. Atrévete, entra en el sepulcro… Y cuando todos te digan que me fui, persígueme, si te dicen que me he perdido, proclama mi triunfo, si te dicen que he muerto, ¡ay hija mía, búscame entre los vivos no entre los muertos!”, si te dicen que soy un fantasma ¡no esperes más, palpa mis llagas”.
Domingo, la resurrección está en tu interior. ¡Él, está vivo en ti! Resucita con el Señor, que tu vida refleje la luz, y el amor de Jesús. Preparemos el camino al Señor.

Noelia Rodríguez, Madrid

 

 

 

SIN PASIÓN NO HAY PARAÍSO

Clara Medina, Valencia

 

La celebración de este Triduo Pascual, ha centrado mi reflexión y mi oración en la figura de Jesús. Él sabe lo que le espera, todo por petición del Padre. Acepta, pero acepta no de cualquier modo sino que se entrega por sus amigos, por los demás, hasta el extremo. Les aconseja, ofrece el perdón mediante su sangre… es un sincero y verdadero amor el de Jesús. Se da hasta tal punto que nos regala su vida, huyendo de sí mismo, por y para los demás. Una acción que he estado meditando y me llama mucho la atención, es la oración en el huerto de los olivos. Acción totalmente confiada y fiel hacia el Padre, dejándose llevar, sin miedos, sin dudas, a pesar de saber lo que le esperaba.

Todo esto me hace pensar en cómo me puedo parecer a Jesús. ¿cómo puedo entregarme y estar al servicio de los demás? No es fácil, obviamente y menos cuando nosotros, los jóvenes tenemos, a menudo, la sensación de que navegamos a contracorriente. Debo huir de mis propios beneficios y pensar más en la felicidad, en la plenitud del otro.

Estos días también me ayudan a reflexionar en la confianza que tengo en Dios. Me planteo en qué momentos le soy fiel, si las dudas, los miedos o la misma incertidumbre me paran, me inmovilizan. Y es cuando me pregunto: Clara, ¿y si no tuvieras miedo? miedo pero, ¿de qué? De sufrir por amor, de dañarme, del no saber, de creer, de confiar, de ser fiel, de escuchar…

Hoy, yo le pido al Señor por todas aquellas personas que tenemos miedo a amar, miedo a entregarnos, a de algún modo regalar nuestras vidas, para que comprendamos que en ese dar justo está el recibir.
Ahora, sólo me queda dar GRACIAS. Gracias a Dios por haberme dado esta oportunidad de compartir todo lo vivido junto a este grupo de jóvenes, junto a esta comunidad ¿reparadora? porque solos es difícil creer en la resurrección. Jóvenes comprometidos, dejaos amad. Gracias por cruzaros en mi camino de vida y como no de fe. Valor, misión, confianza, fidelidad y alegría. Con eso me quedo porque ÉL hace florecer hasta los desiertos del alma…

 

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