Traed de los peces que acabáis de pescar

JERUSALEN NAZARET 152

DOMINGO 3º  DE PASCUA 2016

El acontecimiento de la Resurrección de Jesús, el Señor, sigue siendo la trama principal de la Palabra proclamada hoy:

Hechos 5, 27-41: El Dios de nuestros padres, resucitó a Jesús, al que vosotros matasteis.

Apocalipsis 5, 11-14: Digno es el cordero degollado de recibir el poder, el honor y la gloria.

Juan 21, 1-19: Tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar.

Y es que este acontecimiento es nuclear en nuestra fe y por eso lo proclamamos y celebramos ahora durante 50 días y durante el año en cada domingo o día del Señor.

El evangelio de hoy fue escrito en el año 100 y refleja la experiencia que del resucitado tiene la comunidad creyente fundada por el apóstol Juan. Ya el domingo pasado, el evangelista, al narrar la aparición a los Once y a Tomás con los once indicaba fuertemente la importancia de la comunidad creyente o cristiana a la hora de encontrarse con el Señor, de sentir su presencia y de dejarse guiar por Él y por su Espíritu.

El texto de hoy tiene unas características propias que hacen que sea algo más que la narración de otra aparición del resucitado. Las otras dos apariciones habían ocurrido en un lugar cerrado. Suponemos que en el cenáculo. La primera con las puertas bien trancadas, por miedo; la segunda, con las puertas cerradas pero sin miedo. La comunidad estaba reunida y es en medio de ella, en medio de la reunión, donde se hace el encontradizo el Señor a los suyos y a Tomás cuando se reintegra en la comunidad.

El que Jesús se haga presente en medio de ellos, claro que les trae consuelo, paz y alegría; pero Jesús no se les aparece para eso solo. No es un tranquilizante. Desde el primer momento Jesús les envía al mundo a anunciar el Evangelio. Les invita a salir a la calle y al mundo; les invita a dejar la vida cómoda y segura del refugio. Hay que salir de “la sacristía” e ir al mundo, pisar barro y ahí testimoniar el evangelio.

El evangelio de hoy parece querer hablarnos de esta realidad; del cómo estar en medio del mundo, en medio de los quehaceres diarios y ser a la vez testigos de la Verdad. Vemos como los discípulos asumen las tareas ordinarias de la vida y ahí van a tener que gerenciar la vivencia o experiencia del resucitado; lo que ha supuesto para ellos el encontrarse con el Señor resucitado.

Estaban juntos 7 discípulos. Importante lo de juntos. Es un sujeto plural e igualitario. Para Juan, el 7, indica totalidad de la iglesia o totalidad de los creyentes. Nombra a 5. Podemos suponer que no es que no conociera a los otros dos, sino que al no nombrar a los otros dos, esté señalando que cada uno de nosotros podemos poner nuestro  nombre a uno de esos dos. La totalidad de la iglesia-comunidad ayer, hoy y siempre.

Pedro tiene una función particular. Pero a veces toma decisiones que le son propias y no del “Espíritu”. Toma la iniciativa de ir a pescar. En la noche. Quizás indique ausencia de Jesús. No pescan nada. Su iniciativa “pescadora”, de ir a “pescar hombres”, sin Jesús, es un fracaso.

En medio de la brega y del fracaso, Jesús se hace el encontradizo. El resucitado nunca está ausente del grupo de amigos o de sus discípulos, pero hay veces que se hace notar más su presencia. Ahora viene en ayuda de los suyos. Les manda echar las redes, en el peor momento para pescar. Y obedecen el mandato del maestro. Y pescan. Y cuántos. Muchos. 153.

Jesús es el centro de la comunidad. Cuando Él toma la iniciativa y envía, es cuando, en su nombre, es eficaz la pesca. La comunidad de creyentes no puede descentrarse de Jesús. Él es la piedra angular, la que ensambla y sostiene todo el edificio. En la tarea de evangelización, en la tarea de vivir la vida en nuestra actividad ordinaria, siempre cuenta en envío y la presencia del Señor. Donde estemos actuamos en su nombre. Donde estemos no podemos hacer obras que vayan en contra de la misericordia, de la justicia, de la fraternidad, de la igualdad. En todo momento y lugar hemos de obrar obedeciendo a Dios antes que a los hombres. La vida cristiana no puede ser una esquizofrenia. No hay campos de acción neutros o desconectados de nuestra opción de fe. En todo momento y lugar somos creyentes y “Jesús es el Señor” en nuestras vidas.

Justamente es el discípulo amado (de nuevo indico que ahí puedes poner tu nombre; puesto que tú eres el discípulo amado) el que descubre o proclama: “Es el Señor”.  Jesús es el Señor en todo momento. Es el quicio de nuestra vida en todo momento. También en nuestras labores ordinarias.

Podemos ver que estas labores ordinarias beben de la Eucaristía y llevan a la Eucaristía. Jesús está en la orilla del lago y les prepara una comida con pan y pescado. Una comida a la que invita a traer de lo pescado (bienes que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos). Y en esa comida “pascual” es Jesús el que toma el pan y el pescado, lo bendice, y lo reparte. Comen todos juntos. Celebran la fiesta del encuentro y de la “misión cumplida” por ese día. Este encuentro tiene un “olor” a eucaristía impresionante. Y es que la Eucaristía es el centro, culmen y fuente de la vida de la Iglesia.

Vemos como la Eucaristía lleva a las obras y las obras llevan a la Eucaristía. En la vida del creyente se da un círculo virtuoso entre estas realidades: Alabanza, bendición, acción de gracias, memorial de la pascua, misión o envío al mundo, para después volver al encuentro, la celebración, la pascua, la bendición.

Como cristianos estamos seguros de la indefectible fidelidad de Dios y que estamos enraizados en el amor de Cristo y de ahí surge la garantía a la vez que la necesidad de la misión del anuncio y del testimonio de la vida evangélica. Para que esto sea así y permanezca vivo, exige el encuentro con el Señor en la oración, la conversión permanente al Evangelio y la disponibilidad de corazón y de actitud para acoger el Hoy de Dios. (Regla Vida scj n. 147)

Celebremos con intensidad la eucaristía en este domingo.

CRISTO HA RESUCITDO. VERDADERAMENTE HA RESUCITADO Y ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS.

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