Transmitir la fe en familia

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Queridos padres, necesitamos que lo hagáis bien. Me refiero a todo. Sed buenos padres, pero también os vamos a pedir que seáis unos estupendos evangelizadores de vuestros hijos. Junto con la escuela sois casi las dos únicas vías de socialización religiosa. Desde luego sois los transmisores más creíbles delante de vuestros hijos. Aún así tenéis que afrontar muchos desafíos que no son fáciles. Mi intención es poder ofrecer algunas pautas que puedan ayudar a transmitir la fe dentro de la familia. Os invito a subiros a este tren que hará unas cuantas paradas. De momento me atrevo a comenzar con dos sugerencias.

Seamos auténticos. Si sois cristianos, si os habéis encontrado con el amor tierno y reparador de Jesucristo, por favor, mostradlo. Decídselo a vuestros hijos, decidles que merece la pena. Contadles lo que ha hecho por vosotros. Solo así sabrán dónde acudir cuando el peso de la vida les nuble la esperanza; solo así sabrán que en su interior son habitados por alguien que les ama incondicionalmente; solo así se creerán, cuando sean adolescentes, que son valiosos porque fueron creados con mimo y con una gran dosis de diseño. Sed auténticos a la hora de contar la fe. Para ello es importante que vosotros seáis ejemplo, que seáis los primeros en reservar tiempo para la oración, para la celebración eucarística, para la lectura de la Palabra de Dios y también para la caridad.

Superemos el infantilismo religioso. Me encuentro con muchos padres que reviven su experiencia religiosa cuando tienen a sus hijos pequeños. Se dejan envolver por ese maravilloso mundo mágico de los pequeños donde todo es tan puro y tan posible hasta el punto que echan de menos experiencias y creencias que quedaron sepultadas por la prisa y la eficiencia de la vida adulta. El problema viene después, cuando los niños maduran y ya no se conforman con “el cuatro esquinitas tiene mi cama”, cuando amenazan con encarar la adolescencia con un desplante en la boca y miles de preguntas en el alma. Educar en la fe es acompañar el crecimiento de nuestros hijos ofreciéndoles respuestas a las preguntas que cada edad plantea. ¿Estamos preparados para ello? No lo sé, pero habrá que intentarlo.

Seguiremos con más sugerencias.

Por cierto, agradecería también las vuestras.

 

 

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