Un Congreso para el futuro

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Un congreso para el futuro, así podemos destacar el sentido del Congreso de la Vida Consagrada celebrado en Bogotá del 17 al 21 de junio. Fue organizado por la CLAR, en el contexto del Año de la Vida Consagrada y al ritmo de su horizonte inspirador: “Escuchemos a Dios donde la vida clama”. Fue un congreso pensado para el continente latinoamericano y del Caribe pero se hicieron presentes representantes de muchos otros lugares del mundo.

Fueron unos 1.200 religiosos y religiosas que se encontraron para crear “horizontes de novedad”, respondiendo al deseo del Papa Francisco que los religiosos y religiosas “despertemos al mundo”.

También hubo una significativa presencia de religiosos representantes de las Nuevas Generaciones de la vida religiosa, provenientes de las 22 conferencias nacionales afiliados a la CLAR.

¿Cuáles son los antecedentes de este congreso? A mediados de 2012 la XVIII Asamblea General de la CLAR reflexionó, entre otros asuntos, sobre las interpelaciones del Concilio Vaticano II a la vida religiosa hoy, y la necesidad de continuar revitalizando la vocación de los religiosos y las religiosas del continente a la luz de la Palabra de Dios y de algunos documentos conciliares, como el decreto Perfectae Caritatis, sobre la adecuada renovaciónde la vida religiosa, publicado hace casi 50 años. Fue por esos días de la Asamblea que comenzó a hablarse de la necesidad y la posibilidad de llevar a cabo un Congreso de Vida Consagrada, con una intencionalidad eminentemente proyectiva.

La idea del congreso se consolidó a comienzos de 2013 con la aprobación del Plan Globaltrienal de la CLAR, durante la XLII Junta Directiva. Para responder a los nuevos escenarios y sujetos emergentes prioritarios del continente se decidió que un congreso latinoamericano de vida consagrada tendría lugar en el 2015, antes de la próxima Asamblea General. La Presidencia, la Secretaría General y el Equipo de teólogos y teólogas de la CLAR asumieron el desafío de convocarlo y organizarlo, y para ello también se nombró una Comisión ad hoc que asumió responsabilidades metodológicas y académicas.

En el Congreso se trató de vislumbrar claramente lo que está muriendo y lo que está naciendo en el momento presente de la Vida Consagrada, especialmente en nuestro continente. También se trató de discernir los signos que nos revelan nuevos modos de vivir los carismas. Se hizo especial hincapié en promover el protagonismo de las Nuevas Generaciones en el presente y el futuro de la Vida Consagrada. Y se intentó despejar los caminos de una Vida Consagrada discipular y misionera.

El ambiente fue celebrativo desde el comienzo, hubo un lugar preferencial para la Palabra y el Espíritu y así se pudo gozar del re-encanto de la fe y de la vocación.

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