Un interesante ejercicio espiritual

La liturgia de este domingo nos invita a dejar el desierto y ascender con el Señor al monte, lugar de encuentro con Dios. Como hizo con Abrahán, hoy nos propone un encuentro con nosotros para renovar su alianza. El Tabor es una ventana abierta por la que se contempla otro monte, el Calvario. La transfiguración de Jesús se encuentra entre dos de los anuncios de su pasión. La oscuridad se convertirá en luz en un día cercano, porque la transfiguración mira siempre la meta final. El Tabor es solamente un alto en el camino, no es el lugar de permanencia. Quizá a nosotros nos puede pasar como a los discípulos, es decir, soñar con la altura del monte y lo espectacular de ese paraje, y no ser capaces de ver como en el valle, en lo ordinario de cada día, se abre una senda que conduce al Calvario. La Pascua de Cristo, es paso del Señor por nuestra vida de cada día. Este segundo domingo nos invita a un ejercicio espiritual interesante: subir durante esta semana al Tabor, permanecer allí contemplando el rostro de Dios, para bajar al valle de nuestras tareas cotidianas. ¿Por qué tenemos miedo? Nada es imposible para él.

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