Vivir entre las nubes, visita a las comunidades SCJ de Ecuador

Tuve la suerte de estar en nuestras comunidades SCJ de Ecuador al terminar mi estancia docente en Venezuela, y durante tres semanas y media conocer mínimamente el país, sus gentes… y nuestro trabajo con los más necesitados en ese país. Desde el principio tuve la sensación de “vivir entre las nubes” en un doble sentido, en primer lugar en el sentido estricto, pues Quito se me hacía que estaba pegado al techo del cielo y que en cualquier momento íbamos a tocar las nubes y las estrellas, y en segundo lugar también metafóricamente, pues la acogida que allí tuve me hacía encontrarme estupendamente, mejor imposible. Gracias a todos y cada uno de los religiosos, y muy especialmente gracias a mi tío Artemio, pude disfrutar de volcanes (escondidos a veces entre las nubes para los turistas como yo), cascadas y ríos inimaginables en nuestro país (y que las fotos de la cámara digital no alcanzan a hacer justicia), baños termales en medio de la nada (donde uno puede descansar de los desasosiegos que produce el mal de altura), zonas selváticas no demasiado lejos de donde abunda la vegetación de alta montaña (y que no dejan de sorprender agradablemente), inmensas playas (donde uno no alcanza a ver el final de las mismas), manglares (por los que pasar en canoas solo cuando la marea está alta y plantar un manglar más en ese paraíso natural), iglesias y conventos quiteños (que parece que nunca se acaban y que te hacen sentir un poco como en España, como en casa)… un paraíso de variedad.

 

Sin duda fue poco tiempo pero mis impresiones fueron enormemente positivas. Y no porque todo fuese de color de rosa. Ciertamente en Ecuador, concretamente en nuestro barrio de la Argelia Central y en nuestras Parroquias de Bahía de Caráquez las necesidades son muchísimas, más de lo que sería necesario, pero también es verdad que se siente a cada uno de nuestros religiosos y colaboradores parroquiales haciendo el evangelio palabra viva, trasmitiendo fe, esperanza, caridad. Y escribo las tres virtudes en el orden habitual, no por seguir el orden preestablecido, por el convencionalismo de repetir lo que tantas veces hemos escuchado, sino porque estoy convencido de que los SCJ de Ecuador trasmiten esos valores en ese orden. Fe Cristo y en el hombre ecuatoriano concreto, el del centro de día, el del poblado, el del grupo de enfermos, el de la comunidad del campo… el que se hace presente en el día a día. Esperanza en que las cosas pueden y deben ser distintas, mejores, más justas. Y caridad y amor en cada una de las tareas que llevan a cabo. Estoy convencido de que el P. Dehon estaría orgulloso de nuestras opciones en Ecuador, más de cien años después de la llegada en 1888 de los primeros misioneros con monseñor Grison a la cabeza.
Pues nuestros religiosos no distinguen sino que privilegian a los pobres, a los hambrientos, a los sedientos, a los pequeños y olvidados para el mundo. Es impresionante ver las obras todavía en pie que llevaron nuestros primeros misioneros en la docena de años que permanecieron en el país (el espectacular colegio de Ambato, con su museo natural, y el colegio de Bahía) pero impresiona mucho más el contacto con el pueblo ecuatoriano con el que los dehonianos de hoy compartimos allí nuestra vida. Personas que quizás no saben mucho de letras, pero que luchan por sacar adelante proyectos que les ayuden a vivir un poco mejor. Hombres y mujeres con hermosos rostros y mucho trabajo que han sabido explorar y explotar su tierra al aprovechar cada lugar de este lindo Ecuador. Hombres pequeños de tamaño pero grandes en su interior, para los que parece no haber barreras, sino solo luchas, batallas, por ganarle a la pobreza y a la adversidad.
Como en tantas veces ocurre, como siempre ocurre a poco que uno tenga los ojos, oídos y corazón abiertos, el paisaje, los monumentos, el arte ecuatoriano es espectacular pero el trabajo que llevan a cabo nuestros religiosos y laicos allí lo es más. Las personas siempre son lo mejor y le hacen a uno poder decir que ha vivido entre las nubes. Hno. Javier López Martínez
 

 

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