Vivir la misión es como un renacer al mundo

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Abrir las manos dispuestas para dar, abrir el corazón dispuesto a encogerse, a sensibilizarse y a entregarse y salir de uno mismo, abandonar esquemas preconcebidos, abandonar superficialidades, materialismos, dejar a un lado el “quiero…”, “me apetece que…” y entregarse en cuerpo y alma a ser sal y luz del mundo. Ese era el objetivo que nos movía para la Misión.Pese al impulso de Noelia de misionar en Venezuela desde hace años, a finales del año pasado, sentimos algo muy fuerte dentro, eso inexplicable que te impulsa a cruzar el charco y seguir compartiendo tu vida con los que más lo necesitan. Después de un año preparando esta misión que parecía una “boda”, ya que hacíamos demasiados preparativos pero parecía que nunca llegaba el día de partir ese día tan esperado, el 20 de Julio aterrizamos en el aeropuerto de Quito, Ecuador. Allí nos estaban esperando diez jóvenes de la parroquia junto con el P. Pedro Jesús, las sonrisas, unas pancartas con nuestros nombres y el gran recibimiento ya nos acontecía de que Ecuador iba a tener algo diferente, algo que por dentro nos haría no ser las mismas.

Desde ese día, todo fue vivir lo inesperado. Los primeros días nos hicimos un poco con La Argelia, el barrio donde se encuentra la parroquia y la comunidad Quito I de los SCJ. Nuestra casa, la parroquia, actividades parroquiales, secretaría parroquial, centro de día de ancianos y aprender a movernos entre las pequeñas tiendas de la Caluma, la calle a donde se llega subiendo los 45 escalones de “nuestra” plaza. Realmente todo era muy cómodo, en esa misma plaza residía todas las zonas donde nos movíamos principalmente y si teníamos que comprar alguna cosa nos movíamos a las calles cercanas.

Esa primera semana también tuvimos tiempo para organizarnos con el P. Pedro sobre nuestro “planning” en La Argelia y así pudimos empezar manos a la obra a preparar las actividades de verano de la Parroquia Santa María de La Argelia. El primer objetivo claro que nos comentó Pedro, era el primer campamento vacacional que quería que organizase la parroquia Santa María de La Argelia. Como nunca se había hecho algo antes así, había que formar a los jóvenes pertenecientes a comunidades jóvenes, grupos de jóvenes implicados activamente en la parroquia, o a otros jóvenes que habían pasado por la parroquia o por procesos de confirmación y que todavía no se habían implicado o enganchado en nada.

Es por ello, que la primera semana llevamos a cabo una formación de monitores de campamentos y talleres recreativos con todos los jóvenes de la parroquia, confirmados o no confirmados. Durante esta semana pudimos trabajar con ellos aspectos como el trabajo en grupo, el respeto entre todos, dinámicas de grupo, juegos, aprendizaje cooperativo, características de un monitor, cómo debe funcionar un campamento, aspectos de organización, etc. En las segundas partes de la tarde trabajamos talleres como informática, creación de videos, edición de imágenes, talleres de guitarra, talleres de bailes típicos ecuatorianos, manualidades, globoflexia, etc. También organizamos con ellos una tarde de salida al cine, para hacer grupo entre ellos y salir del aspecto “formal” ya que la mayoría de ellos no se conocían.

De esta semana salieron resultados más que buenos, 25 jóvenes, muy distintos, unidos por un mismo fin, en un mismo entorno y con una alegría y ganas de entregarse muy positivas. Así comenzamos el primer campamento vacacional de La Argelia. Fueron días de preparación y organización muy intensos pero logramos que todo saliese más que adelante. ¡Fueron más que un éxito! Esperábamos 30-40 niños y nos encontramos con 80 y eso que pusimos un tope. Nos quedamos como anécdota las decenas de madre que se agolpaban a la puerta de la parroquia el primer día de campamento pidiendo cupo para sus hijos.

¿Qué supuso para nosotras? Fue un reto muy grande, organizar algo de tanta dimensión, con tantos jóvenes, tantos niños y pocos recursos no fue fácil. En España estamos acostumbrados a tenerlo todo, a preparar las convocatorias con meses antes, que se apunten también meses antes y comprar todo cuanto necesitemos, aunque sea con moderación. Aquí no era así. Hicimos una pegada enorme de carteles por todos los barrios de La Argelia 10 días antes, recibimos inscripciones hasta un día antes y nuestro presupuesto para materiales y refrigerio era mínimo y aquí no teníamos a nadie que nos cocinase o nos hiciese las cosas, nosotras mismas con nuestros jóvenes nos poníamos manos a la obra en todo momento y eso sacó lo mejor de nosotras, nuestra entrega más pura y nuestra humildad y disposición más sincera.

Fue muy bonito y muy enriquecedor realizar este campamento en La Argelia. Los niños son niños igual aquí en España que allá en Ecuador, saben reír igual, jugar igual e ilusionarse igual, solo les hace falta alguien que les guíe, que les de el cariño que necesitan y la atención que merecen. Nos encantó compartir estos días junto a los niños y monitores y saber que, como vimos en una pequeña oración de un día, si nos ayudamos todos unos a otros a construir una buena casa sobre roca, no hace falta construir mil casas sobre arena, si no que cada uno puede aportar algo para que la casa nos acoja a todos.

La siguiente semana, nos fuimos de misiones a San Simón, Guaranda, a las comunidades campesinas indígenas o mestizas que allí había. A nosotras nos tocó en San Simón pueblo, al principio parecía “menos duro” que el resto, ya que no teníamos que subir montañas ni cuestas enormes y viviríamos en el centro, pero la misión esconde detrás retos increíbles. Violencia, insultos, familias desestructuradas, pobreza, miseria, trabajo de campo, soledad y muchas ganas de ser escuchados. Todo eso nos encontramos en las casas de San Simón. Por las mañanas fuimos visitando cada casa, invitándoles a compartir con nosotras la celebración diaria en el salón parroquial y ofreciéndoles ir a sus casas por la tarde para celebrar la palabra y disfrutar de un rato charlando o ayudándoles a trabajar, cocinar, limpiar, etc. El resultado fue de tener el corazón en la mano y al aire libre. ¿Por qué? La gente estaba deseando recibir una mano que le ayudase, que le guiase, que le diese ganas de seguir viviendo, de seguir con alegría, de compartir un rato entorno a la palabra del hijo pródigo o la parábola del sembrador o incluso a un pequeño cuento que nos invitase a querernos y amarnos unos a otros por encima de todo, a perdonar, a compartir, a ayudar, a dar la mano no solo al que está más cerca… Durante esos 7 días de misión nos sentimos verdadera luz entre tantas casas. El primer día a la celebración vinieron apenas 5 personas, y a medida que esa luz iba encendiendo otras pequeñas velas iluminaba a más personas, a más corazones, y poco a poco nos juntamos familias enteras, niños, abuelos, padres, madres, jóvenes, que necesitaban hacer comunidad y sentirse parte de algo.

De esa experiencia nos llevamos tanto que es imposible contarlo todo por aquí, muchas anécdotas, muchos momentos de superación, muchos momentos de templanza, de contener a lo mejor las ganas que nos da de gritar viendo a alguien pegar a otra persona pero pensar en que lo mejor es hablar, dialogar e intentar educar por el camino del amor. Y así fue. Hay tanto que hacer en lugares así… la míes es mucha pero los obreros poco.

Así volvimos a Quito, después de un día de convivencia todos los misioneros en el Santuario de la Virgen del Guayco y de una celebración festiva por todo lo alto con el coro de La Argelia y el grupo de danzas y artes y entre lágrimas, manos tendidas y corazones en mano, nuestra Argelia nos esperaba para nuestros últimos 5 días en tierras ecuatorianas.

A veces solemos decir que cuando uno tiene algo tan adentro no existen palabras para describir cuanto ha vivido, si no que todo son emociones y sentimientos que se van guardando y enraizando bien adentro nuestra y que conforma otra persona, que nos hace ser diferentes. Eso nos ha pasado. Hemos vuelto a España y nosotras hemos cambiado, pero aquí todo sigue siendo igual. Dentro de nosotras han empezado a crecer semillas de compasión y solidaridad, viendo a todas las personas desinteresadas que allí colaboran en el comedor social y que dan de comer cada sábado a más de 80 familias de La Argelia que viven en pobreza extrema, son auténticos héroes, semillas de entrega a pie de calle, con esos callejeros que viernes tras viernes salen a la calle en busca de personas en soledad, en droga, en alcohol, que necesiten un pan y un agua caliente con una pequeña oración y una palabra para poder transformar su vida en una nueva, semillas de ilusión y motivación, en los más de 25 jóvenes que nos han demostrado que quieren ser TESTIGOS, que quieren ser luz y sal para tantos, que quieren formar parte de algo nuevo, y que, recién nos enteramos, que acaban de formar un nuevo grupo joven en la parroquia llamado REPARADORES, ellos son el motor de lo que vendrá, semillas de paciencia y comprensión, cada día con los más de 30 ancianitos que pasan parte de la jornada en el centro de día y que hacen actividades, comen caliente y sonríen con mucha ilusión y con el cuerpo ya cansado de tanto vivido y sobre todo semillas de CORAJE Y MISIÓN, en cada familia que hemos visto, cómo son capaces de luchar hasta el extremo, de sacar adelante lo que haga falta, en vivir con poco, con lo necesario y en tener la sonrisa más grande y luminosa pese a tener tanta oscuridad detrás.

Todas estas semillas seguro que serán regadas, como hasta ahora, poquito a poco, con paciencia y dedicación por los religiosos que residen en las dos comunidades de Quito, La Argelia y Miravalle. Ellos entregan cada día su vida, sin esperar nada a cambio, a tanta necesidad, más de la que pensamos.

Queremos dar las gracias al P. Pedro Jesús, por su ilusión, carisma y entrega a la hora no solo de acogernos, sino de hacernos “recoger” todo lo vivido para plantarlo muy adentro nuestra, al P. Pablo, P. Artemio y Hermano Jose Mari por compartir con nosotras la vida parroquial y abrirnos las puertas de su comunidad y sus manos abiertas siempre que lo hemos necesitado, hemos aprendido mucho de ellos. A nuestro querido Pancho, que cruzó desde tierras chilenas para compartir unos días de misión en Ecuador, es un placer haber podido volver a compartir con él tantas cosas, junto con Humberto, los dos queridos novicios que conoció Noelia hace 5 años y que ahora, las dos presentes, hemos visto entregarse tanto a la vida y la amistad que tenemos forjada con ellos tiene el mismo rumbo, ellos son claro ejemplo de la luz que se entrega a la gente, ellos iluminan el camino de tantos, esperamos vuestra ordenación muy pronto. Gracias al P. Jose Luis por abrirnos el corazón y las puertas de la comunidad de Miravalle, nos sentimos como en casa al, P. Edson, los postulantes de Miravalle, al P. Salvador, P. Benjamín y al resto de religiosos por su capacidad de AMAR, como decía el P. Dehon, “el amor al prójimo y el amor a Dios son un único mandamiento” y ellos, claramente, lo hacen día a día con los más necesitados.

Gracias a todos los que habéis formado parte de esta experiencia, en especial a los jóvenes que han formado algo nuevo y que nos sentimos tremendamente unidas a ellos en ese nuevo grupo de Reparadores.

Quito tiene algo, algo distinto, y no los 3000 metros de altura, o las cuestas o el “cilantro”, Quito tiene magia, en cada persona, tiene vida, en abundancia, tiene amor, en cada corazón, tiene ganas de compartir, en cada mano tendida y tiene mucho que hacer y mucho que dar, más de lo que uno puede llevar. La misión te hace nuevo, hace que renazcas y hace que ya no puedas pisar la calle de la misma manera ni con las mismas palabras.

Enviadas a la misión, día a día, este es el mejor momento.

Noelia Rodríguez y Paula Esparza.

Jóvenes Dehonianas

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