Voluntariado en Mozambique, una experiencia muy gratificante

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El Voluntariado Dehoniano ha llegado este verano a Mozambique. Hasta Invinha marchó un grupo de voluntarios donde se encontraba Susana Somodevilla, una joven vinculada al colegio Sagrado Corazón de San Javier. Susana emprendió su viaje con mucha ilusión, preparada para realizar varias actividades en el centro de niños “Speranza”, y a visitar la escuela “Scola Nossa Senhora das Vitorias”. Estar junto a los niños y a las familias más necesitadas está siendo un aprendizaje continuo.5

En esta ciudad africana Susana está conociendo la cultura, las tradiciones, la vida de las familias, así como la situación política del país y todos los problemas que tienen, como son los niveles tan alto de SIDA. Con la naturalidad que afrontan la muerte es algo que ha llamado su atención cuando asistió a la misa por el fallecimiento de una niña de 2 años.

Día a día nuestra voluntaria es consciente de la dura realidad que se vive en este lugar. Allí ha podido aplicar también su conocimiento como veterinaria ya que atendió a una vaca que enfermó. Las clases que imparten a diario a los pequeños le aportan una gran satisfacción personal al ver cómo van aprendiendo cosas nuevas, como es inglés y matemáticas. Por otra parte, ver a los niños sonreír mientras juegan es maravilloso porque significa que se están divirtiendo y que están a gusto.

Otras de las actividades que han realizado es la organización de las Olimpiadas que supusieron mucho trabajo para los voluntarios. Ese día, ver participar a los habitantes y la ilusión que mostraban hizo que valiese la pena todo el trabajo realizado. Entre otras muchas experiencias, los voluntarios han conocido el laborioso proceso para crear harina que comienza con el duro trabajo de descascar mapira.4

Los cánticos y bailes están muy presentes en esta zona, y los voluntarios se han integrado perfectamente y se han unido bailando y cantando junto a ellos. Además, los pequeños están muy contentos con las pulseras con la cruz dehoniana que les han regalado.

Durante su estancia en Mozambique, Susana ha reflexionado mucho sobre el valor que hay que tener para renunciar a todo lo tuyo para ayudar a los demás. Una de las penas de esta joven voluntaria es pensar en el futuro de todos esos niños que en este tiempo le han enamorado. Pequeños inocentes que en su mayoría ya están condenados al analfabetismo y al duro trabajo en la machamna, en el mejor de los casos.

Aún quedan unos días de estancia en Mozambique, y cuando los voluntarios están adaptados a la rutina es cuando tienen que partir. Pero lo que será inevitable para Susana y el resto de voluntarios es recordar para siempre esta experiencia y esas caras de agradecimiento e ilusión de los niños.

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