Y María dijo “Sí”

Encarnacion

JERUSALEN NAZARET 054

 

San Pablo en el final de su carta a los Romanos (16, 25-27) habla de la “revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los profetas” y sobre todo por Jesucristo. San Pablo habla del Plan de Salvación proyectado por Dios antes de la creación del mundo y que ahora, porque Dios lo ha querido así, se nos manifiesta en el acontecimiento “Jesucristo”.

Los primeros compases de la realización de este proyecto de Dios se dan en el Génesis y ya allí, ante la desobediencia del hombre, se habla de promesa. Algunos lo llaman proto-evangelio: “Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando hieras su talón”.

Los profetas han ido desvelando este proyecto de salvación de Dios. Hoy es el profeta Natán (2 Samuel 7,1-16) el que en diálogo con el rey David va intuyendo caminos de futuras acciones de Dios. David se sabe elegido de Dios y empieza a “creérselo”. Lo que al inicio era pura gratuidad, ahora empieza a creer que él tiene que hacer algo por Dios y tiene que compensarle por todo lo recibido. “Doy para que me des”. Le va a regalar a Dios un “templo”. Lógica de mercado que es contraria a la actuación de Dios. Natán aprueba pero después corrige y le descubre a David el “sentir de Dios”. Le recuerda que todo lo que tiene (incluido el palacio) lo ha recibido de Dios. Dios es el protagonista de la historia y ha hecho obras grandes en Israel, y las seguirá haciendo. A David le promete estabilidad y una casa y reino que durarán siempre en su presencia.  Le recuerda una y otra vez que estará a su lado siempre y que le será fiel por siempre. Es Dios el que le va a dar una casa a David y para siempre. David no le puede dar a Dios ninguna cosa. Lo único que puede hacer es abrirse a Dios y darse o entregarse él en persona a Dios. Dejar obrar a Dios en su vida y así acontecerán las cosas grandes que serán Don de Dios en primer lugar. El hombre puede ser co-protagonista poniéndose al lado de Dios y secundando su obrar. David no es que lo hiciera muy bien. Muchas veces recorrió sus caminos apartándose de los caminos de Dios. Pero aún y todo la promesa se dio y se mantuvo y mantiene, porque Dios es fiel.

Es María (Lucas 1, 26-38) la que sabrá acompasar su hacer al hacer de Dios y en ella se realizará la obra grande. María será la casa-templo que Dios construye para que habite entre nosotros de forma definitiva su Palabra.

El evangelio de hoy nos habla de la vocación de María. Una página solemnísima escrita por S. Lucas que nos sitúa en los albores de la revelación plena del Misterio escondido en Dios desde todos los siglos. Es el ángel Gabriel el enviado por Dios a una joven galilea de Nazaret desposada con José, que era de la estirpe de David. La tal joven se llamaba María.

Gabriel es el enviado. Gabriel es el ángel que actúa en los últimos tiempos y por lo tanto su envío y anuncio es algo definitivo, no tiene marcha atrás y ya no hace falta ninguna otra intervención de Dios porque esta será la última y la definitiva. Dios se fija en María la esposa de José que es de la estirpe de David. Por José le llega a Jesús la “fidelidad” de Dios a la casa de David. También José es coprotagonista en esta historia de Salvación y de él y su vocación hablan el evangelio de S. Mateo que hoy no contemplamos.

María es la última nominada y es la figura principal. María es una joven de Nazaret. Pongámosle 15 años. Empieza a vivir. Digamos que no ha hecho nada para “merecer”. Dios se ha fijado en ella para llevar adelante su Obra de Salvación. Dios irrumpe en la vida de María y la descoloca. Sentir la presencia de Dios tan cercana a ella; sentir el “alégrate” “agraciada” “Dios contigo” debió ruborizarla en extremo. ¿Qué querrá Dios de mí?. El Angel Gabriel despliega ante ella el Plan de Dios que trae la salvación a los pueblos; el Plan de Dios que trae consigo al Mesías, al Hijo del Altísimo; al Dios con nosotros. Y en ese plan ella está en primera persona como la que debe engendrar a ese Niño. Dios necesita del SI de María para poder llevar a efecto su plan de Salvación. Pero un SI que nazca desde la humildad, el agradecimiento y el reconocimiento de que el que hace Obras grandes es Dios por mí.

Después que Gabriel le describe todo lo necesario para que María entendiera el alcance del mensaje dado por Dios se hace silencio. Silencio enormemente denso y expectante. Espera el Angel la respuesta; espera Dios la respuesta; espera la humanidad la respuesta.

María, en un acto libérrimo de su voluntad, pronuncia la respuesta esperada y deseada por todos. Primero se reconoce la “esclava” del Señor. No es la esclava del Faraón o de todos los dioses o diosecillos que los hombres nos hacemos. María pertenece al pueblo de los liberados, al pueblo de una nueva alianza que nos librará de todas las ataduras del pecado y de la muerte. Un pueblo de los “hijos de Dios” y por lo tanto todos iguales y nadie “señor” de nadie. Se reconoce “esclava” del Señor, porque es el único que nos hace libres. Haciéndonos obedientes a él, nos llega la Vida porque Él es la Vida.

Porque es radicalmente OBEDIENTE, porque se FIA totalmente del Dios que está siempre a nuestro lado y que no nos abandona nunca, María dice: HAGASE EN MI SEGÚN TU PALABRA.

Fue pronunciada la Palabra por la que se empieza a conjugar el  mismo verbo entre Dios y el hombre y por eso el VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS.

En María, hoy, acontece el misterio de la Encarnación y ella se convierte en la Madre de Dios. Además se hace la Madre de los creyentes. Es la primera creyente que responde en totalidad y plenitud al plan de Dios sobre ella. Lo hace desde su escucha, su obediencia, su fiarse sin límites del Dios de las promesas y del Dios para el que nada hay imposible. Lo hace desde su humildad, desde saberse la pobre de Yhawhé o la necesitada de Dios absolutamente. Lo hace desde su valentía y su decisión arriesgada. Y su SI se irá haciendo grande en la medida que avanza su vida entrelazada con la de José y la de Jesús su Hijo.

Hoy es el día para saborear este misterio de la Encarnación.  Ver lo grande que Dios ha estado con nosotros. Contemplar a María que por su fe y fidelidad nos ha abierto la puerta de la Gracia y de la Salvación. Agradecer el misterio de Salvación desvelado en Cristo Jesús. Además animarnos a nosotros a ser también creyentes al estilo de María. Entrar en obediencia desde la humildad reconociendo la verdad de nuestra vida y tratando de realizar los planes de Dios sobre cada uno de nosotros.

Que la NAVIDAD sea la fiesta donde proclamamos este misterio, lo vivimos y lo celebramos con alegría.

FELIZ NAVIDAD A TODOS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *