Yo soy uno de ellos

Cartel de la Infancia Misionera 2015
Cartel de la Infancia Misionera 2015

Este es el lema de este año para la Jornada de la Infancia Misionera, que se celebra el 25 de enero de 2015. Con ello se quiere concienciar a millones de niños y no tan niños de la jornada especial en que se desea orar por las misiones e implicar a la infancia sobre el valor de los misioneros, de las misiones y de la ayuda económica, que ellos pueden prestar. Todo ello para promover la ayuda recíproca entre los niños de los cinco continentes.

Un día para reconocer que nuestra infancia y juventud pueden realizar grandes cambios en el mundo de los desfavorecidos, en el mundo de la evangelización, de las misiones,…

Muchas veces se habla de jóvenes narcisistas, egoístas, preocupados por sí mismos, etc. Pero miles de jóvenes de todo el mundo comparten, también, su vida con los otros. Todos tenemos algún toque de narcisismo y necesitamos purificar nuestra personalidad, y cada uno ha de buscar el camino para hacerlo, para encontrar el sentido de su vida y para darse a los demás.

Es precisamente en la identidad del sujeto donde radi­ca su apertura. Ambas constituyen la base de la propia al­teridad y trascendencia, porque desde ellas, sobre todo desde la alteridad, se pone en contacto con la realidad. La con­ciencia de sí mismo implica el conocimiento del otro en cuanto otro y se abre por tanto a lo que no es él, dando comienzo de esta manera a una nueva dialéctica, la del yo – ­tú, en la que el descubrimiento del otro evoca la respuesta que he de dar a mi pregunta fundamental. El tú es el horizonte de mis posibilidades reales. En referencia a él, por tanto, tengo que edificar mi vida como persona.

En efecto, la estructura de la persona es una estructura de alteridad, de la cual se establece una doble relación:

  • verticalmente hacia el totalmente Otro, el absoluto, co­mo plenitud que lo construye desde su propio interior.
  • horizontalmente hacia los otros, en los que reconoce una parte de sí mismo: idénticos a él. Son seres iguales a él.

En este contexto habrá que reconocer que la apertura y la alteri­dad son características constitutivas esenciales de la per­sona. Nuestros jóvenes pueden llegar a ser y son así. Hay que concienciar de ello a todos. “Yo soy uno de ellos”, los invita a crear empatía por los otros (el prójimo cercano y lejano), a ponerse en el lugar del que sufre, tiene hambre, pasa necesidad,…

El Papa Francisco es un gran signo de los tiempos por lo que afirma (palabras) y por lo que realiza (gestos). En sus palabras y gestos encontramos la referencia para caminar y madurar en nuestra fe cristiana. La “Evangelli Gaudium”, dirigida toda la Iglesia crea posibilidades en nuestros jóvenes para que sean conscientes de la cultura narcisista en la que viven y están atrapados y, sobre todo, den nuevas respuestas para vivir desde la alteridad (los otros) sin rechazar su unicidad y identidad (lo que son como individuos).

“Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes»” (EG, 54).

“Hoy, que las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado desarrollos inauditos, sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación. De este modo, las mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos” (EG, 87).

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