#Yosoydomund

El P. Gonzalo Arnáiz, scj., reflexiona sobre el DOMUND y el significado del ser misionero de cada persona.

El tercer domingo de Octubre la Iglesia celebra el Domingo Mundial de la Fe o de las Misiones. Y se piensa en las Misiones en el sentido clásico del término; es decir, aquellos lugares del mundo donde el evangelio no ha llegado a ser anunciado todavía o donde las comunidades cristianas son de reciente fundación o todavía no están del todo consolidadas  y necesitan el apoyo de las comunidades cristianas ya estables desde hace tiempo.  Habitualmente, hacia estos lugares del ancho mundo son enviados desde las “iglesias madre” personas creyentes que están dispuestas a dedicar su vida al servicio de la evangelización. A estas personas las conocemos por el nombre genérico de “misioneros” y habitualmente componen este grupo, sacerdotes diocesanos o religiosos, religiosas y seglares. La iglesia de España ha sido desde hace siglos cuna de muchos misioneros y misioneras y en la actualidad sigue siéndolo. Es la que más misioneros tiene esparcidos por el mundo. Más de 14.000 misioneros; la mayoría en África y América

¿Qué es ser misionero? ¿Qué son las misiones? 

Esta pregunta se la he hecho a mi hermano laico, Joaquín Arnaiz, que lleva 35 años misionando en Panamá sin ningún apoyo institucional. Su lugar de misión ha sido el Darién (selva y población indígena) y en la actualidad en la otra frontera de Panamá con Costa Rica, también con población indígena y agricultora. Su respuesta suena así:

1.     El misionero no llueve del cielo. Nace de un pueblo y de una familia. Yo soy deudor de una familia normal de la España de los años 50. En la familia he bebido los valores humanos y cristianos que impregnaban las vivencias de mis padres, abuelos, tíos, hermanos y vecinos. Una fe que después yo he asumido como adulto.

2.     El misionero es enviado a una tierra o a un mundo desconocido, donde la vida, los valores y la fe ya han prendido o están vigentes de alguna manera en esa realidad. No se puede llegar allá y entrar como un elefante en una cacharrería. Sino que se ha de estar, como Moisés ante la “zarza ardiente”. El lugar nuevo que pisa es lugar sagrado y debe ser respetado y no “hoyado” o destrozado. Ese nuevo mundo tiene unos valores que he de aprender y aprehender. He de descubrir. Ciertamente el Espíritu de Dios y el Espíritu del Resucitado (que es el mismo Espíritu) ya nos han precedido desde hace mucho y han trabajado allí desde el hondón de esos corazones y de esas sociedades. Siempre es bueno recordar el libro de los Hechos 10, donde Pedro, ante Cornelio le recuerda esa realidad y se incultura, con dificultades y enfrentándose a los tradicionalistas judaizante que pensaban que para ser cristiano había que asumir el judaísmo, por eso  le costaba tanto el sentarse a comer en la mesa de un pagano y reconoce que allí estaba el mismo Espíritu que él anunciaba. Una genialidad para los que dudan de las semillas del Verbo presentes en las culturas. El kerigma se descubre en la fe del otro y en su experiencia de vida. Porque tienen el mismo Espíritu pueden ser bautizados, son hermanos.

3.     Por lo mismo el misionero va a “evangelizar”, a llevar buena noticia, pero dispuesto a dejarse sorprender y no a destrozar o a imponer, o a camuflar o velar la buena noticia. Tantas veces con nuestras actuaciones hemos “velado” más que desvelado la buena nueva del Señorío de Jesús. Como persona de fe, ésta se enraíza dentro de una cultura y como a uno le ha servido bien ese vehículo, cree que para los demás también le servirá y entonces pasas cultura en vez de evangelio. Lo que uno aprende es que las culturas son diversas y desde ellas se debe evangelizar. Por eso las iglesias primitivas tenían tantos ritos y rituales distintos, era su riqueza y la variedad del Espíritu

4.     El misionero es “enviado” desde una comunidad – iglesia- para la misión de evangelizar en otras tierras y entre otras gentes. El misionero está siempre referido a su comunidad de origen y refrendado por esa comunidad de origen. Si esa comunidad de origen no puede ser referencia vital y ejemplar para los que escuchan o ven al misionero, poco vale su testimonio o su palabra. Por eso es importante la subsistencia en la vida de fe eclesial de esa comunidad de origen. Es importante la vida de oración de esa comunidad y la vida de testimonio cristiano de esa comunidad. También lo es por su aporte económico para el sustento del misionero y de las obras que se puedan hacer para facilitar el anuncio del evangelio. Para mí, que fui enviado desde la Vicaría IV de Madrid y desde la parroquia San Juan de Dios de la UVA de Vallecas, siempre han sido mis comunidades referenciales y a ellas permanezco vinculado desde el hondón del corazón. Cuando hablo de comunidad iglesia hablo de experiencias vividas en estas comunidades eclesiales.

5.     El misionero es “testigo” del evangelio y es “profeta” del evangelio. Y por eso en muchas ocasiones deberá actuar como Jesús en el evangelio que no solo anuncia, sino que también denuncia y desenmascara. Jesús –según cuenta el evangelio proclamado en el domingo del Domund- (Mt, 22, 15), por lo que dice, firma su sentencia de muerte. Así es que no ha sido nada banal ni una respuesta para retorcer argumentos o salirse por la tangente. Da una respuesta clara. Dice que Dios no es el Cesar o que el Cesar no es hijo de Dios. Y que si se sirve a Dios, no se puede servir al Cesar y sus idolitos. Hay que desenmascarar todos aquellos que se quieren ir haciendo pasar por “dioses” y que someten al hombre. Desenmascarar al poderoso de este mundo, supone las más de las veces persecución. Por eso la vida del misionero no está ausente de este peligro de persecución y de peligro de muerte. El evangelio es anuncio y denuncia, las dos cosas inseparables. Yo he experimentado en mi propia carne esta realidad de persecución y peligro de muerte por el anuncio y la denuncia de las injusticias. Esa experiencia de cercanía de la muerte a causa y por la causa del Reino es algo permanentemente presente en mi vida, también de ahora y también le llega  a toda la familia que se convierte en misionera. Pero todo lo puedo en Aquel que me conforta.

6.     El misionero necesita el apoyo de todos vosotros; el apoyo desde la oración y el testimonio de vida de vuestras comunidades eclesiales.

7.     No nos viene mal la ayuda económica. Vivimos en precariedad permanente. Yo no tengo ningún seguro ni ningún sueldo, pues al ser laico las cosas se complican para nosotros en las estructuras eclesiales actuales.  Dedico mi vida a ayudar en la evangelización desde la predicación inculturada y el rescate del tejido social roto, la educación a niños y adultos, desde la promoción humana enseñando y rescatando las formas de cultivo y conservación de alimentos desde la agroecología y la mejor forma de comercializarlos con justicia y justeza para que redunde lo máximo en las comunidades indígenas y se propicie un desarrollo endógeno.

8.     Yo misionero, quiero ser uno de ellos y dialogar con sus saberes y sabores y  desde ahí trabajar para progresar en todas las facetas de lo humano. Es fundamental la apertura al Trascendente, que dicho sea de paso, aquella gente en esto nos da lecciones y esa riqueza poder comunicarla, para que sea fermento y sal en  las comunidades eclesiales y en el mundo. Gracias por la fe que me habéis permitido vivir con vuestra entrega.  Xuaco (Joaquín)

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