Carisma

Partiendo de la visión evangélica de nuestro Fundador, el P. Dehon, descubrimos y experimentamos en el signo del Costado Abierto y del Corazón traspasado de Cristo, nuestro Salvador, el amor único y totalmente gratuito de Dios, que salva.

Acogiendo al Espíritu, que hace de nosotros nuevas criaturas, queremos corresponde a ese amor siguiendo la vida de Jesús en la profesión de los consejos evangélicos, uniéndonos en su perfecta oblación al Padre y a los hermanos hasta la donación total de sí mismo en la cruz y queriendo imitar a María en su plena disponibilidad al proyecto de Dios, ofreciendo todo lo que hacemos, sobre todo nuestras personas y nuestras vidas, para el servicio del Reino.

Prestamos así nuestra humilde colaboración en la obra reparadora de Cristo, sirviendo a la misión de la Iglesia del Señor en constante atención a los hombres, llevando el amor y la reconciliación de Dios principalmente a los más necesitados de amor.

Nos esforzamos en vivir en comunidades fraternas como realización de la nueva fraternidad posible en Cristo, uniendo nuestras fuerzas y haciendo de nuestras personas un don recíproco. Nutrimos y fortalecemos nuestra vocación de amor y reparación en la Eucaristía, celebrando la adoración a Cristo en su donación suprema para la salvación de los hombres y para gloria y alegría de la Trinidad.

El padre dehon nos dice...
Predicad, pues, ardientemente el amor de Dios, presentando al Corazón de Cristo como símbolo y centro de esta realidad divina. Al hombre roto por tantas tribulaciones y tantos interrogantes, mostradle, en Cristo crucificado y resucitado, la certeza suprema del amor de Dios. Yo estoy seguro que de vuestra parte, habrá siempre un renovado empeño de fidelidad y de vigilancia para contribuir en todo momento al bien de las almas y a la edificación de la Iglesia.
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Sed plenamente fieles al magisterio y a la Sede Apostólica. Sed testigos de vuestro amor a Cristo en la adoración de la Eucaristía, en la vida de penitencia y en la reparación del mal que pesa sobre el mundo. Dios no sabrá que hacer con nuestra sabiduría y de nuestras obras, si nosotros no le entregamos nuestro corazón.
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