La solidaridad hace milagros

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Durante las próximas seis semanas tendremos como evangelio dominical el capítulo 6 del evangelio de San Juan. Un capítulo largo, todo él dedicado al “pan de vida”. Juan no narra la institución de la eucaristía durante la última cena. Todos coinciden que allí no lo narra porque es en este momento donde él realmente da la catequesis sobre la eucaristía.
Tenemos pues, que hacer el esfuerzo de entrar en el chip interpretativo del evangelista Juan. Si cada uno de los evangelistas tiene ópticas distintas a la hora de encuadrar la buena noticia de Jesús, está claro que Juan es el más diverso o distinto de entre los cuatro. Por eso hemos de recordar:
-Que Juan avanza en su razonamiento como rodeando la verdad o el personaje que nos quiere mostrar. Lo rodea dando vueltas o círculos cada vez más amplios que nos ayudan, en el progreso de la narración, a ir penetrando, descubriendo y saboreando la riqueza del acontecimiento narrado. Es por eso por lo que a veces da la impresión de que “se repite” pero no es tal repetición sino una más amplia mirada y una profundización ulterior. En este capítulo 6 es donde más aparece esta sensación de repetición. Por eso es conveniente no dejar marchar la imaginación y dar interpretaciones apresuradas a las lecturas que se hacen. Es conveniente mantener el ritmo marcado por Juan.
-Juan compone su evangelio siempre teniendo de fondo (a modo de falsilla) diversos niveles del Antiguo Testamento. Niveles de: Creación, éxodo, sapienciales (libro de la Sabiduría y Cantar de los Cantares), profetas (incluso Elías y Eliseo). Narrando la historia de Jesús de Nazaret, va haciendo reflejar en ella lo acontecido con anterioridad y nos va haciendo ver cómo en Jesús “todo se ha cumplido”.
-A Juan, le encanta jugar con símbolos y números; el 7, el 6, el 3, el 12 o el 10; el 50 o el 5.000; todo tiene su sentido
Con todo esto tenemos que “jugar” ya desde el evangelio de hoy, Jn 6, 1-15.
Empieza el evangelio anunciando el paso de un mar de una parte a otra por parte de Jesús a quien sigue mucha gente. Clara alusión al paso del mar Rojo, al éxodo. Jesús sube a la montaña. También Moisés subió al Sinaí para recibir o hacer la alianza. Pero Jesús en el monte “se sienta”. Ahí está la novedad. Jesús es “Señor”. No permanece en pié ni espera voces. Jesús se sienta y enseña. Aquí tenemos a alguien que es mayor que Moisés y mayor que la Ley. Jesús es “en persona” la nueva Ley. Es bien importante escucharle, oír su voz y ver lo que Él hace.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. El evangelista toma distancia de esa fiesta para hablarnos de una nueva Pascua, la de Jesús, que llevará a plenitud lo anunciado en la vieja Pascua. Hay yerba verde. Indicativo de nueva vida, de jardín o edén. Va a empezar algo nuevo; podríamos hablar de hasta una nueva creación. Siguen a Jesús mucha gente. Eran unos 5.000 varones adultos. Es afirmar por una parte que el evangelio debe ser una opción bien sopesada y decidida por cada uno con plena responsabilidad y en libertad absoluta. Es un seguimiento durable o para siempre que implica y cambia la vida del discípulo. Por otra parte el número juega exponencialmente con el número de seguidores de los profetas Elías o Eliseo que eran o les seguían grupos de 50 varones adultos. Jesús es “mucho más” que Elías o que Eliseo.
Jesús tiene la iniciativa en el evangelio y trata de estimular el cerebro de Felipe con una pregunta comercial. A Felipe le pilla “fuera de base” y le responde con un cálculo comercial. Más o menos le dice que es una burrada lo que propone y que no hay nada que hacer. Pero parece que un muchacho que había por allí, al oír la pregunta, se le ocurre poner a disposición de Jesús “los bocadillos” que traía. ¡Algo es algo! Diría Jesús. Y manda sentarse a todo el mundo. Sentarse “a la mesa”. Trata a la gente como a “señores” y va a servirles de inmediato. Después de la acción de gracias y bendición a Dios (Solo Él es el que provee) distribuye el pan y los peces entre toda la gente. Comen todos hasta saciarse y sobran 12 cestos. Acontece una señal (milagro) mucho mayor que el narrado en la primera lectura (Reyes 4, 42-44). Jesús es “mayor” que Elías, que Eliseo y que Salomón.
Esta “señal” (o milagro) referida por Juan es la cuarta (4) de las siete (7) que narra en su evangelio. Es la “señal” central o que quiere resaltar de forma especial. Por lo tanto hemos de fijarnos bien y no perdernos hacia donde apunta esta “señal”. Puede que estemos ante un indicativo capital para el evangelista, por lo que hemos de estar atentos todos estos domingos para meditar (comer) lo recogido en este capítulo 6.
Hoy, lo primero que suena es que la acción de Dios (el milagro) se realiza a partir de lo puesto por un hombre. El milagro es posible desde el gesto de solidaridad (aunque sea un bocadillo) de un joven que está dispuesto a repartir no solo lo que le sobra sino todo lo que tiene. Y ahí empieza una matemática distinta a la que se usa para las economías “al uso” en aquella época y en nuestra época.
La gente, al ver el suceso, empieza a pensar en sacar provecho a tal poder taumatúrgico para lo que le ofrecen a Jesús el título de “rey”. Jesús huye de tal interpretación y de tal salida. Seguir a Jesús implica al menos la solidaridad, el salir de uno mismo y el centrarse en los demás. Implica “perder” más que “ganar” la vida o la seguridad de la vida desde los bienes materiales.
De momento nos quedamos en este primer nivel de la solidaridad. Es una palabra que el Papa utiliza muchas veces en y pone en ella como la clave de solución para nuestra maltrecha economía mundial que ha entrado en crisis porque se ha fraguado no en los valores de la solidaridad sino en los antivalores del beneficio a ultranza y del individualismo exacerbado del mercantilismo o del liberalismo o de la cultura del descarte. Quizás (sin quizás) solidaridad en cristiano se llama caridad (que está claro no es igual a limosna) y la caridad implica vivir desde los parámetros del don, del darse, del “perderse”. Implica salvar el primer valor que es el hombre y poner a su servicio todas las cosas (nunca las personas) y también, por supuesto, la ciencia económica.
Me queda en el tintero Efesios 4, 1-6. Solidaridad en Pablo puede sonar a: “Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos; sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz”. Y en pocas líneas nos habla 7 veces de unidad. Si fuéramos realmente “uno” seríamos solidarios en fraternidad total. Realmente no existiría “mío” o “tuyo” sino que podríamos vivir desde lo “nuestro”. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.

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