Oración Tiempo de Navidad

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TIEMPO DE NAVIDAD

Natividad del Señor Cristo,

Verbo encarnado, renueva el universo

Hermanos, Dios nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura. (Col 1,13-15)

Padre santo, te damos gracias por el don de Cristo, tu Hijo. En el misterio de su nacimiento, aquel que era invisible se hizo visible a nuestros ojos. Generado desde toda la eternidad, comenzó a existir en el tiempo para renovar en sí la naturaleza caída, restaurar el universo y reconducir al Reino de los cielos al hombre perdido por el pecado. Acepta, con la suya, nuestra oblación reparadora para que toda la comunidad humana, santificada por el Espíritu Santo, se vuelva para ti una oblación agradable.

Amén.

Miércoles

Cristo, Dios y hombre

Hermanos, hoy se manifiesta un admirable misterio: se unen en Cristo las dos naturalezas; Dios se hace verdadero hombre y permanece verdadero Dios. (cf. antífona del Benedictus del 1 de enero)

Señor Jesucristo, Hijo de la Virgen María, Dios admirable y Príncipe de la paz, da la paz al mundo entero. Tú, que por tu nacimiento dignificaste la naturaleza humana, danos la gracia de honrarte todos los días de nuestra vida en la fe y en las obras. Haznos buenos hijos del Padre, siempre dispuestos a cumplir su voluntad; haznos buenos ciudadanos del mundo, al servicio de la justicia y de la paz; haznos apóstoles de la fraternidad entre los hombres y del Reino del cielo donde quieres reunir a todos.

Amén.

Jueves

Cristo, manifestación de la gracia de Dios

Hermanos, se ha manifestado la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a llevar ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la manifestación de la gloria de nuestro Salvador, Jesucristo. Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo de su propiedad, dedicado enteramente a las buenas obras. (cf. Tit 2,1114)

Te damos gracias, Señor del universo y de los hombres, por el Niño Jesús, que vino a la tierra a traernos los dones de la paz y de la alegría, de la justicia y de la salvación, manifestando tu amor por nosotros. Arrodillados ante el pesebre, contemplamos el rostro humano de tu Hijo, en el cual resplandece tu rostro divino. A su ejemplo, queremos entregarte nuestra vida, para que toda ella discurra en filial docilidad según tu proyecto de amor y salvación.

Amén.

Viernes

Cristo, nuevo Adán

Hermanos, un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz». (Is 9,5)

Te acogemos con jubilosa ternura, Hijo de Dios hecho Niño, Salvador que nos fue prometido. En conmovido silencio y en comunión con María, José y los pastores, primeros depositarios del gran misterio, venimos hoy a adorarte. Primogénito de la nueva familia, tú nos traes como don tu dignidad de Hijo y nos presentas al Padre como hermanos tuyos. Acepta en oblación nuestra fe y la hospitalidad que deseamos ofrecerte. Acepta, sobre todo, a los pequeños y a los pobres. Ten piedad de la familia humana y concédele, finalmente, la justicia y la paz.

Amén.

Sábado

Como María sierva… como Cristo siervo

Hermanos, María dijo al ángel: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». (cf. Lc 1,38). Ofrezcamos también nosotros al Señor nuestra disponibilidad para cumplir su voluntad.

Padre, que por tu amor mueves el corazón del hombre para la realización de tus proyectos, infunde en nosotros el Espíritu que nos haga dóciles a tu Palabra como lo fue María. Como ella, queremos desear lo que tú deseas; como ella, queremos cumplir tu voluntad; como ella, queremos pensar en comunión contigo; como ella, queremos decirte generosamente «sí» y ofrecerte nuestro servicio obediente y humilde. Danos la gracia de comprender que ése fue también el secreto de la vida de tu Hijo como nos recuerda la santa Navidad que estamos celebrando.

Amén.

Domingo

En Cristo, participamos de la vida divina

Hermanos, Cristo, con su poder divino, nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seamos partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición. (cf. 2Pe 1,3-4)

Te damos gracias, Padre santo, por el misterio de la Encarnación redentora: por tu Hijo, nuestra fragilidad humana es asumida por el Verbo, el hombre mortal es elevado a la dignidad inmortal y, unido a ti en comunión admirable, es hecho partícipe de la vida eterna. En el comienzo de un día más, queremos renovar nuestra disposición para vivir unidos a ti, ofreciéndote nuestra vida y acción para que todos los hombres sean partícipes de tu gloria.

Amén.

Lunes

Cristo, luz del mundo

Hermanos, la ciudad santa no necesita del sol ni de la luna que la alumbre, pues la gloria del Señor la ilumina, y su lámpara es el Cordero. Las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra traerán su gloria. (Ap 21,23-24)

Padre santo, te damos gracias por el misterio del Verbo encarnado, nueva luz de tu gloria que brilla sobre nosotros, para que, contemplando a Dios visible con nuestros ojos, aprendamos a amar lo que es invisible. Con todos nuestros hermanos cristianos confesamos, por medio del Espíritu, que Cristo es el Señor, manifestación de tu amor, presente en el mundo para salvarlo. Nosotros nos entregamos nuevamente a ti para buscar, ante todo y por encima de todo, tu gloria y testimoniar el primado del Reino.

Amén.

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Cristo, Hijo de Dios, nacido de mujer

Hermanos, cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial (cf. Gál 4,4). Alabemos al Señor y ofrezcámonos para colaborar en la obra de la reconciliación y anunciar a todos el Evangelio de la paz.

Te bendecimos, Señor, al comienzo del nuevo año, por el don precioso de María. Tú la escogiste para que Jesús pudiese venir a traernos tu Palabra de vida, a darnos el Espíritu Santo consolador y a hacernos capaces de llamarte Padre. Por intercesión de la Reina de la paz orienta nuestros pasos por los caminos de la paz y de la justicia. Por sus manos, te ofrecemos el compromiso de contribuir, con nuestra vida y nuestra acción, a la reconciliación de los hombres y de las naciones, para que así todos te reconozcan como Dios de la paz.

Amén.

La Epifanía del Señor

Cristo, anunciado por los profetas, adorado por los ángeles

Hermanos, hoy apareció el Salvador del mundo, anunciado por los profetas, adorado por los ángeles. Los Magos vieron su estrella y vinieron llenos de alegría a ofrecerle regalos. Ofrezcámonos también nosotros, siguiendo el espíritu de nuestra vocación.

Padre santo, que revelaste a tu Hijo Unigénito a los gentiles por medio de una estrella, danos la gracia de, como ella, estar al servicio de la llamada y de la orientación de todos los hombres hacia Cristo. Animados por ese celo, queremos comprometernos en ser útiles los unos a los otros, a fin de brillar como hijos de la luz en el Reino de Dios. A ejemplo de los Magos de Oriente, queremos ofrecer a tu Hijo hecho hombre el oro del amor puro, el incienso de la inmolación y la mirra del sacrificio. En unión con él queremos rezar y trabajar para que en toda la humanidad resplandezca el fulgor de tu gloria.

Amén.

Martes

Cristo, Dios con nosotros

Hermanos, se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Él nos salvó, no por las obras de justicia que hubiéramos hecho nosotros, sino según su propia misericordia. (cf. Tit 3,4-5)

Emmanuel, Dios con nosotros, que naciste hombre entre los hombres, venimos a adorarte con María, José y los pastores. Cargaste con nuestras flaquezas y compartiste nuestra condición para darnos la alegría de la vida divina. Haznos entrar en la ternura de la Navidad, experiencia de amor que nos hace hermanos. A tu Ecce venio unimos el nuestro, abriéndonos a la voluntad del Padre y al generoso servicio a los pobres, que privilegiaste con tu venida. Que tu nacimiento venza nuestras discordias, aplaque la violencia de las guerras y nos traiga una era de justicia y de paz.

Amén.

El Bautismo del Señor

Cristo, sacerdote, profeta y rey

Hermanos, apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vino una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco». (cf. Mt 3,16-17)

Padre santo, Dios omnipotente y eterno, en el día en que Cristo fue bautizado en el Jordán obraste señales prodigiosas para manifestar el Bautismo de la nueva alianza: desde el cielo hiciste oír tu voz para que el mundo creyese que el Verbo está en medio a nosotros; con el Espíritu que se posaba sobre él en forma de paloma, consagraste a tu Siervo como sacerdote, profeta y rey para que los hombres reconozcan en él al Mesías, enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres. Por eso, Padre, consagrados por tu Espíritu y unidos a la oblación de Cristo, tu Hijo, te ofrecemos nuestra vida para el anuncio del Evangelio y para la construcción de tu Reino. Amén.

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