Se acerca vuestra liberación

homiliia

Inauguramos el Adviento de este año 2018. “Esperamos el ADVENIMIENTO” del Señor. Durante el tiempo de Adviento se contempla la Historia de la Salvación desde el PRESENTE, apoyándose en el PASADO mirando al FUTURO.

+ AYER: Recordamos el acontecimiento y misterio de la ENCARNACIÓN

+ HOY: El Señor se hace presente cada día: ESTOY CON VOSOTROS HASTA EL FIN DEL MUNDO

+ MAÑANA: El Señor vendrá a juzgar a vivos y muertos: PARUSÍA o ADVENIMIENTO.

El “ayer” no es un pasado, sino que es un acontecimiento que continúa siendo realidad. Dios se encarna de una vez para siempre y ya no vuelve a “des-encarnarse”. Es hombre para siempre. Así es que hemos de pensar en un “continuo” que permanece. Empezó un día pero continúa por siempre. Los regalos de Dios son permanentes en su acción salvadora. Dios no retira nunca su Gracia.

Por eso, porque esto es así, el HOY es tan cierto como el ayer. Jesús viene cada día. Hoy viene a nuestro encuentro y se hace presente de múltiples formas: desde su Palabra, pasando por nuestros “próximos” y siendo su realidad mayor en la Eucaristía.

Porque esta nuestra realidad todavía está en camino, vendrá un día en que todos llegaremos a la plenitud. La PARUSÍA será el acontecimiento último que llevará a la historia a su maduración total.

Toda esta realidad (pasado, presente y futuro) es lo que celebramos en el MEMORIAL de la EUCARISTÍA. Cada domingo nos reunimos para “proclamar su muerte (toda su historia vital), anunciar su Resurrección (entrada en el HOY de DIOS) que es el acontecimiento siempre presente; y pedir que VENGA. En el Adviento presionamos esta última “tecla” del ¡VEN SEÑOR JESÚS!

Podríamos decir que en este tiempo de Adviento nos proponemos como comunidad este OBJETIVO: Despertar en cada uno de nosotros una actitud personal:

+de FE y de ESPERANZA-VIGILANCIA

+de HAMBRE o POBREZA ESPIRITUAL (Las Bienaventuranzas y su correlato en el Juicio final)

+de MISIÓN o PRESENCIA EN EL MUNDO.

Centrándonos ya de forma particular en el Primer Domingo de Adviento está clarísimo que apunta decididamente al FUTURO y por lo tanto es un aldabonazo para urgir nuestra esperanza y ponernos vigilantes. Mi convencimiento personal es que, desde hace muchos siglos, la esperanza intensa y confiada en la venida del Señor que vivía la primera comunidad de cristianos se ha ido apagando y casi extinguiendo. Pocos de nosotros sabríamos dar “razón de nuestra esperanza” (¿Cuál es el fundamento de mi esperanza?). Pocos de nosotros sabríamos describir cuál es el contenido de nuestra esperanza (¿qué es lo que espero?) y pocos de  nosotros sabríamos definir qué es la esperanza. Resulta que cada una de las lecturas de este primer domingo parece buscada para dar respuesta a esos interrogantes.

La lectura de Jeremías 33, 14-16, nos habla del contenido de la esperanza para Israel. Israel se mueve porque espera al vástago legítimo de David que salvará a Judá y Jerusalén será realmente la ciudad de la Paz. Para nosotros esta esperanza de Israel está cumplida en Cristo nacido “en carne” en Belén de Judá. Pero a la vez está catapultada hacia la segunda venida del Señor, que vendrá “en Gloria”. El contenido de nuestra esperanza no es una cosa, una ideología, una utopía…; es una persona VIVA. ES “El Viviente”: Llamados a participar en la VIDA de su HIJO. Esa es nuestra esperanza. Ese es el CIELO.

El salmo responsorial (Sal 24) nos habla del fundamento de nuestra esperanza, que no es otro que el Señor, Dios. Él es Salvador, Misericordia y Lealtad. El Señor se fía de nosotros y nos da a conocer su Alianza. Alianza sellada en Cristo, su Hijo. San Pablo en Tesalonicenses 3, 12-4,2, también pone su confianza en el Señor (Dios-Padre) que puede hacernos rebosar de amor mutuo y nos puede fortalecer para responder generosamente a ese amor gratuito con el que Él nos ama y nos hace hijos. Un Dios que espera abrazarnos al final de la historia junto con todos sus hijos en el Hijo, Señor de la historia. La mejor forma de prepararnos a esa venida del Señor es el amor fraterno. Este Dios, ABBA, es el fundamento de nuestra esperanza.

El Evangelio de San Lucas 21, 25-28 nos planta, de lleno, en la segunda venida del Señor. Esperamos el advenimiento (Adviento) del Señor en Gloria. Los preámbulos de este advenimiento son bastante oscuros. Las potencias del cielo tiemblan. La tierra se desmorona. La historia del hombre pasa por tiempos de quebranto y desorientación. Puede que todo esto sea cierto en cada momento de la historia; es decir, que hoy mismo esto sea realidad. Está claro, para el creyente que el cielo y sus potencias, y la tierra con sus potencias no se fundamentan en sí mismos. Ninguno de nosotros puede añadir una hora a la duración de su vida y tantos desvelos del hombre, a lo largo de la historia han buscado construir una Babel, la ciudad sin Dios, y ciertamente han constituido un anti-génesis. La esperanza cristiana nos ayuda a sobrenadar sobre estos acontecimientos destructivos, sabiendo de quién nos hemos fiado. Sabemos que el mal, y el último de los males que es la muerte, han sido vencidos y por lo tanto podemos mirar más allá de lo de-construido en este mundo. Sabemos que nada es definitivo, sino que solo Dios es lo definitivo y aquello que en Él se salva. Por eso el evangelista nos invita a LEVANTAR la cabeza, porque llega nuestra liberación. También nos invita a PREPARAR esta llegada. No se nos embote la mente. No caigamos en la tentación de adorar otros dioses o poner nuestra confianza en otra cosa o persona que no sea “El Señor que viene”. Es necesario estar DESPIERTOS  y ATENTOS para no caer en la tentación.

La esperanza cristiana es más bien un vivir esperando; y esto significa vivir “velando” para “cazar” cada día el “hoy de Dios”.  Ir descubriendo eso que llamamos “kairoi” de Dios, las acciones de Dios en medio de su pueblo e ir respondiendo activamente a esos llamados o acciones del Señor.

Os invito a no dormirnos, a no cansarnos, a no desesperar. CARPE DIEM IN DOMINE: APROVECHA CADA DÍA EN EL SEÑOR.  EL SEÑOR VENDRÁ.

 

ACTITUDES DEL ADVIENTO

VIGILAD porque no sabéis cuándo es el momento, porque siempre es el momento.

Vigilad para que no hagáis esperar al Señor que llega a vuestra casa.

Vigilad, para que sepáis cuales son los signos de los tiempos.

Vigilad, para descubrir las huellas que va dejando Cristo a su paso.

Vigilad, para no caer en tentación y sepáis descubrir el evangelio y el peligro.

Vigilad, porque Dios está siempre despierto.

Vigilad, porque hay un hermano llorando.

Vigilad, porque Dios está en todas partes y en todo encuentro y en todo acontecimiento.

Vigilad, porque Cristo está siempre naciendo.

Vigilad, porque Cristo está siempre muriendo.

Vigilad, porque Cristo está siempre resucitando.

Vigilad, porque hoy se te ofrece una nueva oportunidad.

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