P. Carlos E. Caamaño: “Al volver a Venezuela he encontrado un pueblo que siente una profunda tristeza”

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El P. Carlos Enrique Caamaño comenzó su relación con los Dehonianos cuando era apenas un niño, ya que sus padres solían ir a misa en la Parroquia San Miguel Arcángel, siendo esta la primera obra y parroquia de los Dehonianos en Venezuela. Los primeros religiosos que le vienen a la mente son: el P. Ignacio Agote Iglesias, el P. Juan Rodríguez y el P. Antonio González, y recuerda las misas tan animadas que se hacían para niños.

Tras comenzar sus estudios universitarios de ingeniería vivió un momento particular de crisis. En este tiempo de búsqueda comenzó a participar de retiros vocacionales animados por el P. José Carlos Briñón, y también conoció a los pp. Gonzalo Arnáiz y Valentín Pérez Flores, encargados de la formación de futuros religiosos, quienes le ayudaron en el proceso de discernimiento vocacional. “En estos encuentros supe que los sacerdotes de mi infancia eran Dehonianos, que eran religiosos y no diocesanos, que vivían en comunidad, que tenían un carisma particular que ofrecer a la Iglesia, y que tenían un fundador: el P. Leon Dehon, cuya vida me resultó muy interesante” indica este religioso.

Así, ingresó en el seminario en Caracas en el año 1991. Después de estudiar dos años de Filosofía hizo el noviciado en Salamanca haciendo su primera profesión religiosa el 29 de septiembre de 1994.

En 2015 marchó a Roma para formar parte del Consejo General donde ocupó durante unos meses el cargo de Superior General, tras el nombramiento del P. Heiner Wilmer como obispo de la diócesis de Hildesheim. Resume esa experiencia con una palabra: Crecimiento, ya que le hizo crecer en muchas dimensiones. “Crecí en la propia experiencia fundante, reconocer que Dios te ha elegido y que esa elección, como tantas otras, es acompañada de su gracia y de su bendición.  La segunda dimensión es la carismática. Ser parte de la Administración General de la Congregación te permite estar más cerca de nuestras fuentes, de aquello que es inspirante, sobre todo por la responsabilidad que se tiene de animar a toda la Congregación para ser fieles al tesoro recibido. En este sentido, fueron muchos los momentos de formación y discernimiento de las decisiones a la luz del carisma”.

Actualmente el P. Carlos Enrique Caamaño ha vuelto a su país, Venezuela, y hemos hablado con él para conocer en qué situación ha encontrado su país y si ha notado un cambio considerable desde que partió.

-Cuando marchó de Venezuela, ¿en qué situación estaba el país?

Marché de Venezuela en el 2015, y podríamos decir que estábamos a la mitad del gobierno del actual presidente Nicolás Maduro. Desde el año 1998, hasta el año en que partí para Roma todos los indicadores señalaban que el país se había deteriorado, incrementándose los índices de violencia, desempleo, corrupción, pobreza, inflación, devaluación de la moneda, y decreciendo drásticamente los índices de productividad, la capacidad de adquisición de bienes y productos básicos, alimentación, medicinas, etc., y algunos indicadores sociales como la calidad de la educación y los bienes y servicios que ofrece el país.

Esta situación ha generado una inestabilidad en todo el país, las continuas expropiaciones de la propiedad privada, las violaciones de derechos humanos básicos, sobre todo en el derecho a las manifestaciones y protestas con la consecuente ola de presos por disentir al régimen revolucionario, lo que ha disminuido la voluntad de una participación política consciente y crítica a toda esta complicada realidad.

Esta situación la pude seguir más o menos desde Roma, reconociendo que yo estaba en un paraíso mientras los venezolanos estaban allí viviendo penurias. Particularmente me mantenía muy informado porque en Venezuela viven mis padres, ambos españoles migrantes de finales de los años 50, quienes cada vez más me manifestaban sus dificultades para afrontar lo cotidiano de la vida, una vida cada vez más dependiente de aquello que el gobierno te ofrece, las cajas (Clap) con ciertos productos regulados que se ha convertido en una especie de limosna, con la consecuente sensación de que el gobierno ha ido convirtiendo a los venezolanos en un pueblo de mendigos.

-¿Cómo ha encontrado Venezuela a su vuelta?

Llevo apenas tres semanas desde que regresé, me parece poco tiempo para sacar una conclusión, sin embargo, yo le añadiría a la situación de hace tres años el prefijo hiper, todo se ha “hiperizado”. Hoy se habla de la hiperinflación más grande del planeta, y la escasez se ha multiplicado. Habría que decir que el mal que más percibo en la realidad venezolana es la de la corrupción, es como una especie de metástasis en la ética ciudadana, se ha colado hasta en el tuétano, no quiero justificarlo, pero parece que es el medio más eficaz para sobrevivir. Nunca sabes si el precio de algo es el justo, se ha perdido la confianza en el otro, no sabes en quién confiar. Percibo un ambiente tenso y rígido, no percibo la alegría típica del venezolano. Debo decir, que seguro la hay, no quiero ser sesgado y dar una visión muy fatalista y negativa de la realidad, solo hablo de percepciones.

Veo Venezuela como un país que camina por la escasez de medios de transporte, la mayoría deteriorados y sin la posibilidad de conseguir repuestos, incluso últimamente por la escasez de gasolina o aceite, que son fundamentales para los vehículos. Siento que el país con esta metástasis corrupta e improductiva ha hecho que venga otra enfermedad, siento al país como esclerotizado y paralizado. Son muchas las empresas grandes, pero sobre todo las pequeñas empresas, esas que ayudaban a pequeñas familias a vivir, que han tenido que cerrar sus “santamarias”, una manera venezolana de decir que tuvieron que cerrar sus puertas. Otra realidad que parece una hemorragia es la de la emigración, son muchos, sobre todo los jóvenes los que han decidido irse del país. Es muy difícil no encontrar a una familia que esté separada, es duro decirlo, pero me encontré a una Venezuela de muchos abuelos sin sus nietos.

Además, me he encontrado con un pueblo que siente una profunda tristeza y me golpea mucho ver a la gente demacrada. La otra cara de la moneda, y tengo que subrayarlo es que el pueblo ha crecido en solidaridad, no queda otra, es un pueblo que se necesita y tiene que crear redes de ayuda e intercambio, y en eso los venezolanos son buenos, son creativos y tienen un gran corazón. Algunos, desde España me han dicho, pero: ¿cómo aguantáis tanto? Lamentablemente esta aparente quietud solo se puede explicar con la cruenta represión y la cultura de miedo que ha instaurado este régimen en estos casi 20 años.

-¿Cómo están ayudando los Dehonianos a la población?

Los Dehonianos en Venezuela siguen ofreciendo aquello que han recibido, en primer lugar la esperanza y la fuente de esa esperanza que es Jesús. Una de las estrategias de este gobierno ha sido quitarle la esperanza al pueblo, es una estrategia no solo religiosa sino psicológica, es un mecanismo que crea dependencia. A los Dehonianos les toca ofrecer esperanza, en cada gesto, en cada celebración, en la predicación de la palabra, en la cercanía, creando espacios de solidaridad, espacios de comunión, espacios de vida… Nuestras parroquias y nuestras obras están ofreciendo hoy más que nunca ayuda a los más necesitados, comidas solidarias, vestimenta, posibilidad de asearse, etc.

Una de las obras que han sido muy significativas en la Región dehoniana en Venezuela ha sido en el sector de la salud, con los centros médicos sociales que se crearon a finales de los años 80. Lamentablemente uno de ellos se tuvo que cerrar por la dificultad de conseguir insumos para realizar exámenes adecuados, así por la dificultad de mantenerlos y pagar los salarios de empleados, obreros y médicos. Hoy funcionan solamente dos, el de Mariara y el de Caracas, pero diríamos que casi a media máquina ya que algunos médicos se han tenido que marchar del país.

-¿Cómo podemos ayudar desde otros países?

Considero que la primera ayuda es la de ser conscientes de que la realidad que aquí se está viviendo es real, no es de novela, ni para estar haciendo conjeturas políticas. Estamos atravesando una crisis que sí necesita de ayuda humanitaria aunque no se la quiera reconocer, ya que sería reconocer un fracaso político. El hecho de que ustedes puedan ser voz de una realidad poco informada sería un gran servicio. También les pedimos orar unidos por un cambio de justicia y paz. Por otra parte, también pueden ayudar siendo solidarios con cualquier aporte que nos facilite la adquisición de medicinas. De hecho, por medio de la Procura de Misiones de la Curia Provincial de los SCJ en Madrid, coordinada por el P. Alfonso González, estamos recibiendo una excelente ayuda.

En Haz Latir el Corazón del Mundo recogemos algunos proyectos como es el de “Ayudas a Familias de Venezuela” ¿Cómo está ayudando este proyecto?

Este proyecto permite, con la donación que estamos recibiendo desde España, ayudar a unas 60 familias necesitadas de nuestras parroquias y obras dehonianas en Venezuela. El proyecto comenzó a ejecutarse en el mes de julio de este año y consiste en dar mensualmente una ayuda directa, es decir, cada familia es beneficiada con dinero, medicinas o alimentos. Este proyecto está siendo coordinado conjuntamente con la Curia Regional de Venezuela y la Procura de Misiones de la Provincia española.  De momento sentimos que es un pequeño grano de arena que alivia concretamente a algunas familias venezolanas. No queda otra que agradecerles en nombre de la Región SCJ de Venezuela y de estas familias por esta noble iniciativa.

¡Venezuela necesita nuestra ayuda! Colabora en www.hazlatirelcorazondelmundo.com

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